En nombre de Satán

El sábado 14 de agosto tuve la oportunidad de presenciar el debut de Stryper en la Argentina. La banda de los hermanos Sweet ofreció un show contundente en El Teatro Flores ante una enorme cantidad de espectadores.

Stryper saltó a la fama internacional por ser el primer grupo de metal cristiano en llegar a las audiencias masivas de todo el mundo. En la actualidad, el cuarteto mantiene su mensaje evangélico pero de una manera mucho más sutil.

Si bien en el cierre de la histórica presentación en la ciudad de Buenos Aires, los integrantes de Stryper no se despidieron con su habitual rezo colectivo, aprovecharon unas cuantas pausas del show para lanzar al público decenas de biblias con el logo de la banda en su portada. Un ítem de colección surrealista, por decir lo menos.

De todas maneras, nunca pensé que en algún momento de mi vida iba a presenciar una versión en vivo de Breaking the law de Judas Priest por Stryper. Bizarro pero no casual. El grupo tiene en carpeta un disco de covers titulado precisamente The Covering en el que prometen inesperadas versiones de clásicos de Kiss, Black Sabbath, Iron Maiden y Ozzy Osbourne, entre otros.

El gran concierto de Stryper me hizo recordar un libro que compré hace años en uno de los locales de saldos de la avenida Corrientes. El material, titulado Música rock y satanismo me había llamado la atención porque el nombre de su autor era René Laban, un asombroso parónimo del notable prestidigitador argentino. No se puede hacer más lento.

Una breve navegación por las turbias aguas de Internet permite comprobar la apabullante bibiliografía existente sobre los supuestos vínculos entrte el rock y el satanismo. A esta altura de la evolución humana, no vale la pena refutar las alarmantes premisas de los despreciadores del cuerpo, como diría Nietzsche. Pero siempre es divertido leerlas.

Breve historia del rock satánico

La relación entre el rock y el satanismo proviene desde los mismos orígenes del movimiento musical en la década de los cincuenta, donde precursores como Elvis Presley o Jerry Lee Lewis fueron duramente atacados por la Iglesia Católica de difundir el mensaje del maligno. El blues ya había sido objeto de persecución por la mayoría blanca norteamericana que consideraba aquella música como peligrosa para la moral.

A finales de la década de los sesenta, el rock y las nuevas “amenazas” llegaban desde Inglaterra, en donde The Rolling Stones con álbumes como Their Satanic Majestic Request y su clásico Sympathy for the Devil arrasaban en todas las listas de éxitos y en sus giras, donde llegaron a utilizar como guardaespaldas a los propios Hell’s Angels. Sus grandes competidores, The Beatles, tras sus experiencias con gurúes indios, llegaban de nuevo al número uno con The White Album en el que, según los defensores de la existencia de mensajes satánicos ocultos, aparecen los primeros mensajes subliminales en las canciones Revolution 1 y Revolution 9. John Lennon golpeaba en el núcleo de la moral católica al declarar en el inicio de una gira por Norteamérica que The Beatles eran más grandes que Dios, lo que les supuso la persecución de grupos integristas cristianos y la quema pública de sus discos. El asesinato, en 1980, de John Lennon por parte de un fanático fue también utilizado posteriormente por algunos dedos acusadores como prueba de su relación satánica.

No sería el único caso en que la muerte de un miembro de un grupo acusado de satánico, sería utilizado para demostrar que quien utiliza la energía del demonio acaba siendo consumida por su eterna maldad. Así, John Bonham (Led Zeppelin), Brian Jones (Rolling Stones), Bon Scott (AC/DC), Randy Rhoads (Ozzy Osbourne) o el propio Jimi Hendrix, muertos todos en extrañas o crueles circunstancias, sirven para alimentar el mito del pacto de los músicos con el diablo.

Mick Jagger y Keith Richards, de los Stones, llegaron a ser considerados la reencarnación de Lucifer y su ayudante Belcebú por parte de algunos de sus fans, llegando incluso a interesarse por proyectos cinematográficos como Lucifer Rising o Invocation of my Demon Brother, que finalmente no se llevaron a cabo.

Otra banda inglesa de principios de los setenta, acusada de invocar a Satanás en todos sus discos, fueron los precursores del heavy metal, Black Sabbath, cuyo cantante, Ozzy Osbourne, pasaría a ser en los ochenta el principal enemigo de muchas organizaciones cristianas norteamericanas tras grabar canciones como Mr. Crowley, dedicada al mago negro Aleister Crowley que, a principios del siglo XX, había fundado su propia religión tras pertenecer a diversas sociedades secretas, llegando a reunir en la abadía italiana de Cefalu a sus correligionarios donde practicaban ritos satánicos, en los que se mezclaba el sexo y la sangre.

La canción acusada de contener un mayor número de mensajes satánicos ocultos sería también de otro grupo inglés de los setenta, millonario en fama y ventas, Led Zeppelin y su gran éxito Stairway to Heaven que se unió a la fama de amante de la guija de su guitarrista, Jimmy Page, que llegó a vivir en una casa que había pertenecido al mago Aleister Crowley, junto al Lago Ness.

Tras calmarse un poco las aguas, a principios de los ochenta, la irrupción del heavy metal volvería a abrir la caja de los truenos. Los australianos AC/DC, afincados en el Reino Unido, estaban en la cresta de la ola con su gran éxito Highway to Hell y otros menores como Hell ain’t a bad place to be o Sin City, llegando a aparecer su guitarrista Angus Young en los conciertos disfrazado con rabo y cuernos además de su uniforme de Daniel el Travieso.

El éxito de la banda llevó a nuevos grupos como los también británicos Iron Maiden a lanzar el álbum The Number of the Beast, incluyendo en el mismo textos de la famosa Biblia Satánica de gran difusión entre los satanistas. La portada del disco, con el monstruoso Eddie dirigiendo como un titiritero a los hombres en forma de marionetas era demasiado para los grupos salvadores de la moral cristiana que iniciaron una campaña de censura, sobre todo en los Estados Unidos, lo que al igual que en el resto de los casos descritos supuso un efecto boomerang propagandístico para la banda que le permitió darse a conocer en este país.

Otros grupos, como Venom, precursores del estilo black metal no tuvieron tanta suerte, ya que tras argucias aduaneras, les prohibieron de manera permanente entrar en Estados Unidos. Y es que los tres primeros discos de la banda, In league with Satan, Welcome to Hell y Black metal eran demasiado explícitos.

La semilla del binomio satanismo/éxito garantizado, supuso que los grupos norteamericanos se subiesen al carro iniciado por los británicos y empezasen a proliferar canciones como Burn in Hell de Twisted Sister, Shout at the Devil de Mötley Crüe o Hell awaits, de Slayer. Desde Texas, el grupo Wasp lanzaban su primera canción I Fuck Like a Beast añadiendo más leña al fuego de la creciente polémica entre el rock y las asociaciones defensoras de la moral cristiana. Otro ex-cantante de Black Sabbath, Ronnie James Dio, creaba su propia banda y al igual que Ozzy Osbourne llenaba las portadas de sus discos de imágenes de Satanás, como la muy explicita Holy Diver.

Los neoyorquinos Kiss, también fueron acusados de esconder bajo sus siglas la frase Kids in Satan Service. Los grupos norteamericanos defensores de la moral no tardarían en ponerse manos a la obra intentando parar esta situación, llegando a crear un lobby de poder, el PMRC, que mediante una iniciativa legislativa abanderada por Tipper Gore, esposa del futuro vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, llegarían a imponer una pegatina avisando del peligro en el contenido de los discos que ellos consideraban oportuno censurar, incluyendo la sustitución de portadas de discos que pudiesen ser “nocivas”. La medida afectó a numerosas bandas, desde Prince, acusado de pornográfico, hasta los ya mencionados Iron Maiden.

Una representación de músicos encabezada por Frank Zappa, llegó a tener que declarar en el Congreso, pero la iniciativa conservadora fracasaría al ver que los discos etiquetados como peligrosos eran los que más se vendían llegando a ser considerados como símbolos de libertad aquellos que llevaban el mensaje Explicit Lyrics frente a aquellos que no lo contenían. La situación se trasladaría, una década después, al mundo del hip-hop y el rap, donde los raperos presumían de haber tenido un pasado en la cárcel y los que no lo habían tenido llegaban a inventárselo para poder ser respetados por el público.

Tras un período, donde el tema parecía haberse olvidado, la irrupción de la banda de Marilyn Manson gracias a su álbum Antichrist Superstar, volvía a poner en el candelero la relación satanismo y rock. Marilyn Manson, educado bajo el catolicismo más férreo, ya en los tiempos del instituto se había dado cuenta del éxito que suponían aquellos discos prohibidos de los ochenta entre sus amigos, generando todo un mercado de intercambio de los mismos entre sus compañeros. Años más tarde, al fundar la banda, tenía bien claro que unos toques satánicos le darían una popularidad gratuita necesaria para todo nuevo grupo. Así, utilizó como productor de su gran éxito Antichrist Superstar a Trent Reznor que se había hecho famoso con su banda Nine Inch Nails tras grabar el disco The Downward Spiral en la mansión donde había sido asesinada la mujer del director de cine Roman Polanski, Sharon Tate, a manos de la secta satánica de Charlie Manson, del que además había adquirido el nombre para su banda. Para alimentar más el mito, Marilyn Manson se hizo ordenar sacerdote por la Church of Satan del reverendo Anton Lavey escritor de la famosa Biblia Satánica, inspirada en textos de Nietzsche y Aleister Crowley, que sugirió tantas cosas a estos y otros grupos musicales.

Publicado en Margen Cero por José Miguel Jiménez y Pedro M. Martínez

~ por Mike en agosto 25, 2010.