Un compendio argentino

El viernes 1 de septiembre de 1995, el suplemento Sí de Clarín publicó un artículo en el que se relataban diversas situaciones relacionadas con el fanatismo por Kiss en la Argentina.

Un año después del esperado debut del grupo en nuestro país, la nota presentaba a Kiss como uno de los grupos que más hondo había calado en la idiosincracia argentina, apenas detrás de los Rolling Stones y los Ramones.

En el marco del inesperado juego de coincidencias que siempre aparece en este tipo de circunstancias, el título que adelantaba el reportaje desde la tapa del suplemento constaba de una sola palabra: Kissteria.

Por mi parte, recuerdo el hecho de haber sido cliente frecuente de Rock Soldiers hasta que un día me harté de la pésima actitud comercial de Sandro Kogan y simplemente dejé de visitar su negocio.

Kissmaníacos

A mediados de los setenta, millones de adolescentes esparcidos por el mundo fueron súbitamente contagiados por la fiebre del fanatismo hacia el grupo heavy Kiss. Discos, remeras, posters, figuritas, golosinas, flippers y películas del cuarteto maquillado se volvieron parte del universo personal de una generación.

Cuando en el resto del mundo el fenómeno se encuentra en franca decadencia, en nuestro país la adhesión mantiene su vigencia a través de revistas, un club de fans, un grupo tributo y una cantante bailantera. Los argentinos, se sabe, somos originales en todo.

Los vengadores. Gabriela Fracassi es presidenta y fundadora del Revengers Fan Club de Kiss. “Lo armé hace dos años. Decidí hacerlo a la americana, como el viejo Kiss Army. Por 25 pesos anuales recibís una credencial, un certificado de membresía, seis fanzines, una revista, un árbol genealógico (que salió publicado en Kisstory, el libro gigante que editó la banda con material de su propia colección y material que mandaron fans de todo el mundo) y dos prendedores”.

Como otros cientos de aspirantes a conocer personalmente a sus admirados, Gabriela se acercó al Sheraton cuando Kiss estuvo acá. Sólo le importaba el guitarrista y vocalista Paul Stanley, pero antes se topó con Jim Hutt, seguridad del grupo. Hubo negativas al principio hasta que entabló amistad con el guardaespaldas y este finalmente la puso frente a Stanley, a quien entrevistó durante una hora y media (valioso tiempo al que ningún periodista pudo acceder). Agradecida, Gabriela llevó a Hutt a pasear por Buenos Aires y lo invitó a comer a su casa.

Caritas pintadas. En Estados Unidos están Cold Gin, Parasite, She… pero en Argentina sólo hay un grupo tributo a Kiss y se llama Love Gun: Leo (Paul Stanley), Sergio (Peter Criss), Darío (Ace Frehley) y Roberto (Gene Simmons). Sus nombres de pila son lo único que revelan. ¿Sus caras? “Ni a palos”, responde Leo-Paul, intentando revivir la vieja mística kissera. Por fanatismo formaron Love Gun en 1990, montando un show como solía hacerlo Kiss en sus primeros diez años de vida: con acto lanzallamas, escupida de sangre y todo. “Gene echa fuego con querosén y la sangre es un líquido especial mezclado con salsa de tomate”, cuenta Leo-Paul.

Los trajes que utiliza el grupo representan a aquellos que vestía Kiss en 1977, año de edición de Love Gun. “Hacemos todo a mano, hasta tuvimos que aprender a coser. El maquillaje es uno nacional llamado Pasta Lassar, que no se nos corre con la transpiración como el que teníamos antes. Nos trajeron de Estados Unidos un pote de Max Factor (marca que usaba Kiss) a cada uno, pero lo cuidamos como oro”. Los instrumentos emulan a los de Kiss, aunque no son los originales.

Hecha para amar. Vivian Black comenzó a tocar rock popular en 1990, sin embargo, las cosas no le fueron bien hasta que conoció a Gene Simmons, bajista de Kiss. “Simmons me dio fuerzas para reconstruir mi carrera”, asegura. Ella se aventuró en compañía de su madre, que le hace de secretaria, hasta el hotel donde se hospedaba Kiss para llevarle una cinta a su ídolo con un cover en castellano de I, tema del álbum The Elder (1981) en versión pop bailable. Gracias a un guardaespaldas pudo acceder a Simmons, quien la invitó personalmente al show de River, a cenar y a bailar.

“Te puedo asegurar que a mí me ayuda Dios, por eso no necesité tirármele encima a Gene. Fui a verlo como colega, no como fan. Lo que se diga no me preocupa, sucede en todos los órdenes de la vida. Cuando hay buena onda entre un hombre y una mujer sólo ellos saben lo que sucedió”. Vivian estaba desconsolada por su mala suerte como artista hasta que Simmons le cambió la vida con unas simples palabras aleccionadoras: “¿Vos querés hacerlo? No lo pienses demasiado”.

“Gracias a él descubrí mi fuerza interior. Estuve desesperanzada, tenía lo que en psicología se llama síndrome de la muerte, que es como no poder respirar por la depresión”. Vivian todavía vive con sus padres, quienes desataron su amor por Kiss cuando le regalaron un grabador a los 9 años con el casete de Dynasty (1979) y el clásico Fui hecho para amarte.

Guardia de hierro. “Empecé con Kiss en 1979, como la mayoría en la Argentina. Fue por equivocación, compré el disco Dressed to kill (1975) pensando que era de Queen”, cuenta Sandro Kogan, uno de los kisseros más reconocidos por los fanáticos argentinos del grupo. Ya viajó varias veces a los Estados Unidos para seguir a su banda preferida. “La primera vez fue en 1992, en la gira de Revenge (1992, último álbum de estudio de Kiss). Los seguí en micro por ocho ciudades, desde Daytona pasando por Miami y Tampa hasta Knoxville”.

Sandro tiene una disquería kissera en el barrio de Flores llamada Rock Soldiers, nombre de un tema de Ace Frehley (violero original de Kiss que dejó la banda en 1982 por problemas con el alcohol y las drogas). “El kissero sabe que se consiguen cosas buenas, revistas especiales, datos de fan clubes de todo el mundo, piratas, videos”, comenta orgulloso mientras se entretiene con un flipper original de Kiss de 1979 en perfecto estado.

Kogan intentará coronar su trayectoria kissera en octubre trayendo a los ex Kiss, el baterista Peter Criss y el guitarrista Ace Frehley, para actuar con sus respectivos grupos en un show que terminará con ambos tocando juntos viejas canciones.

Publicado en Clarín por Gustavo Olmedo

~ por Mike en agosto 3, 2010.

7 comentarios to “Un compendio argentino”

  1. Durante años, cuando los medios digitales no eran lo que son hoy, me dediqué paciente y meticulosamente a recortar artículos de mi interés. Este que transcribiste es uno de ellos.

    Gracias por el recuerdo.

    PD: Nunca me quedó en claro quién era esta Vivian Black…

  2. Vivian Black se hizo conocida por esos años a través de una propuesta ligada a los aspectos teatrales de Kiss y Alice Cooper. Actualmente, intenta volver a la escena con un tributo a Rammstein.

  3. Me acuerdo de Rock Soldiers, atendia un Rubio grandote muy GAY, que no entendia que no me iba su onda. Me pudri y deje de ir.

  4. Siiiiii!!! que buenas épocas! Rock Soldiers iba siempre, nunca compre nada porque el tipo era un mala onda total, después de hablar varias veces con él llegue a la conclusión que no estaba bien mentalmente. Sigue estando esa disquería?

  5. Lindas epocas, recuerdo jugar en el fliper de Kiss, una masa, aunque al dueño no le gustaba mucho! Tambien nos juntabamos en parque rivadavia los domingos a la mañana, una vez lo vi al dueño de la disqueria, esta mas viejo, pelado y gordo, pero por su cara de perro, lo reconoci, creo que el a mi tambien a pesar de los años.

  6. Yo me cruce a Sandro hace poco, si esta pelado y gordo, los años pasan y no se puede hacer nada contra eso, pero lo que me deprimio es verlo con camisa floreada!!! yo me acuerdo q se vestia de negro antes!

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