Kiss en Madrid

El pasado martes 22 de junio, Kiss se presentó en la capital española en el marco de la exitosa y monumental gira Sonic Boom Over Europe.

En momentos en que las críticas positivas sobre los conciertos de la banda aparecen de manera indiscriminada, resulta interesante conocer otras opiniones que describan esta coyuntura sin el pesado velo de la parcialidad.

El artículo que les dejo a continuación fue publicado en el día de ayer en el sitio Si la tocas otra vez y cuenta en primera persona los detalles del show.

Kiss en el Palacio de los Deportes

Soy la clase de persona que nunca hubiera ido a un concierto de Kiss en la época en la que prescindieron de sus maquillajes. Por suerte recapacitaron y se dieron cuenta de que, sin el circo, son un grupo heavy-moñas bastante justito (¡hasta tienen una canción co-escrita por Michael Bolton!). Sospecho que al menos la mitad de los quince mil espectadores de anoche en el Palacio de Deportes piensan como yo.

Kiss son una parodia de lo que debe ser el rock, más Spinal Tap incluso que Spinal Tap. No se entiende de otra forma que señores de sesenta años aún tengan que salir a tocar con zapatos de plataforma, ni que a Gene Simmons le sigan poniendo demandas por acoso sexual por intentar meterle la lenguaza en la oreja a las chicas. Fuera de los confines de los recintos donde tocan (que siguen petando, ojo), Kiss son una postal añeja de otro tiempo, un buen chiste contado demasiadas veces.

No me moría de ganas de ir al concierto, la verdad. La prueba es que ni siquiera tenía las entradas en mi poder (sé por experiencia que nadie las va a tener a mejor recaudo que yo mismo). No daremos nombres, pero alguien dijo que Kiss empezaba a las nueve y media, lo que no era cierto, empezaba a las nueve. Pronto comprendimos por qué los accesos al Palacio estaban tan extrañamente tranquilos mientras al otro lado de las paredes retumbaba la base rítmica de una canción del grupo. Sólo nos perdimos el comienzo de Modern day Delilah, aunque me dio rabia no ver aparecer a los músicos sobre el escenario, uno de mis momentos favoritos de cualquier concierto.

Desde la última fila de pista ningún espectáculo te llega igual, claro; tengamos esto presente a la hora de juzgar la objetividad de mis palabras. El despliegue lumínico y de pantallas era apabullante, mientras los cuatro músicos hacían lo que se esperaba de ellos: Simmons sacar la lengua, Paul Stanley poner morritos y los otros dos recién llegados poner cara de póquer. La batería coronaba a cinco metros del suelo un enorme letrero luminoso de Kiss. Con cierta ingenuidad pensé que a mí me daría vértigo tocar ahí arriba, pero sólo porque aún no sabía que la fobia a las alturas es totalmente incompatible con tocar en Kiss.

Esperaba un espectáculo más modesto que, pongamos, el de AC/DC en el mismo Palacio el año pasado. El razonamiento que me llevó a esta conclusión sería más o menos éste: AC/DC son un grupo de estadios que toca en pabellones cuando el clima les obliga a ello, mientras que Kiss tocan puntualmente en estadios, pero su hábitat natural son los recintos a cubierto. Y no iba desencaminado, pero tampoco acerté de lleno: Kiss son los amos de la segunda división y no reparan en gastos para seguir siéndolo.

Me intriga la legislación española sobre el uso de pirotecnia en espectáculos a cubierto. A lo largo del concierto se dispararon fuegos artificiales en todas direcciones unas ciento cincuenta veces (o al menos lo parecieron); mientras que las lenguas de fuego a ambos lados del escenario se elevaban varios metros y su calor podía sentirse desde el otro lado del pabellón. Queda el consuelo de pensar que Simmons o Stanley no lo permitirían si creyeran que sus pelucones van a salir ardiendo, pero ayer no me arrepentí de no estar en primera fila. Alguien peca de ingenuo, sí: espero ser yo y no el tío que controla los petardos, no vayamos a tener una desgracia digna de entrar en el Guiness de muertes estúpidas.

En la banda cantan todos, aunque los miembros originales, como reparten, también se llevan la mejor parte (al batería le tocó coger el micro en una balada digna de Kiss, sí: de Kiss FM). El portavoz entre canción y canción es Paul Stanley. El hombre se repite más que el ajo, y total para no decir nada, pues cada una de sus impersonales proclamas rockeras las repetirá mañana mismo cambiando “Madrid” por “Barcelona”. Te ríes porque tiene gracia que alguien en 2010 siga empeñado en hablar con notas agudas (y más si va vestido como Tim Curry en The Rocky Horror Picture Show), pero también da vergüenza ajena el batiburrillo mental que le empuja a ponerse a cantar Guantanamera como si fuera folclore español. Lo peor es que las intervenciones de Stanley se cargan el ritmo del concierto. Anoche estuvieron dos horas y cuarto sobre el escenario: si se hubieran ahorrado la media hora de charleta, el espectáculo hubiera sido más compacto y esta crónica muy distinta.

Estaba buscando la manera de describir algunos fragmentos del show desde una perspectiva adulta, pero en realidad esos instantes apelan a nuestra ingenuidad infantil para ser disfrutados; así que lo mejor para transmitir las sensaciones que producen es narrarlos como lo haría un niño: “Y entonces el gato saca un bazooka y dispara con él y ¡booom!; más tarde el demonio empieza a volar, se sube encima de los focos del techo y allí canta I love it loud; y después el chico de la estrella se monta en una especie de tirolina, y en un escenario giratorio en medio del Palacio canta I was made for loving you; y, y se suben en plataformas que despegan como naves y sus propulsores echan humo sin parar, y sale un montón de fuego, y cuando terminan con Rock and roll all nite los cañones disparan tantas papelinas que cuesta respirar”. Lo creáis o no, esta anárquica descripción me ha quedado bastante exacta.

Dependiendo de lo que busques en la música en directo (y por supuesto, de tu nivel de exigencia), el espectáculo de Kiss puede parecerte la repera o simplemente apañado. Para mí fue más lo segundo, con puntuales momentos de descuelgue de mandíbulas; pero el asombro no lo produjeron nunca las canciones ni su interpretación, sino el ruido y la furia que las rodeaban.

Publicado en Si La Tocas Otra Vez por Jota 78

~ por Mike en junio 24, 2010.

5 comentarios to “Kiss en Madrid”

  1. Obviamente no coincido en absoluto con esta crónica pero quiero creer que falta la segunda parte donde habla de la música en si y de las interpretaciones de las canciones en vivo, porque las demás cosas las he escuchado desde que tengo 4 años…

  2. o sea que yo voy a los recitales de kiss a ver explosiones segun este señor , hay dios mio , o sea que soy fan de fuegos artificiales , mira vos no lo sabia , ahora el primero de enero ya no necesito mas de la musica de estos genios.

  3. La crónica me parece estupenda aunque incompleta: poco dice de las canciones.

    El resto es acertado, Kiss se ha vuelto tan decadente como Spinal Tap, a diferencia que los Tap fueron una banda ficticia inventada para una película.

    Yo no me canso de decirlo, a mi me da pena Kiss

  4. Perdon por discrepar una vez mas con vos Inconsistente pero a mi me da orgullo ser Kissero, se que no te gusta ese término pero a mi si; no creo que Kiss sea decadente y si lo son espero llegar alos 60 años con esa DECADENCIA…

  5. Cuánta gente acude a los estadios a ver a KISS y cuántos leen estos artículos???
    Como dijo José yo también quiero llegar a esa DECADENCIA a los 60 años!!!!
    Tengo recortes de revistas “especializadas” que hablaban de la decadencia de Kiss y hoy no existen esos medios…algo me dice que en 20 años seguiremos hablando de Kiss!!!!!

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