Doble aniversario

En el día de hoy se conmemoran dos sucesos que tuvieron lugar en años recientes. Por un lado, se cumplen tres años del fallecimiento de Mark St. John y por otro, un año del show de Kiss en River en el marco del Quilmes Rock.

Seguramente, Mark St. John debe ser el músico más olvidado de todos los que pasaron por Kiss pero su interesante tarea en Animalize le permite continuar presente en el gusto de una importante base de fans.

El capítulo que comprende la fugaz estadía de Mark St. John en la banda comenzó con el pie izquierdo desde el preciso instante en que Gene Simmons y Paul Stanley suprimieron parte de su personalidad al cambiarle el apellido.

Así como Vincent Cusano se transformó en Vinnie Vincent, los líderes de Kiss decidieron que Mark St. John era más glamoroso que Mark Leslie Norton, tal el nombre completo del guitarrista nacido el 7 de febrero de 1956 en California.

El famoso «síndrome de Reiter» lo puso fuera de la banda, justo cuando Simmons y Stanley comenzaban a arrepentirse por haber contratado a otro héroe de la guitarra con exageradas ansias de protagonismo.

Poco después, editó un disco al frente de White Tiger y hacia comienzos de la década del noventa unió fuerzas con Peter Criss para el proyecto conocido como The Keep. Ambos intentos fallaron en el objetivo de devolverlo a los primeros planos de la escena.

Un derrame cerebral acabó con su vida el 5 de abril de 2007. Si buscan en YouTube la canción Is Everybody Happy a cargo de David Hasselhoff se van a encontrar con una manera tan bizarra como divertida de recordarlo.

Un día como hoy pero hace tan sólo un año, Kiss se presentaba en vivo en la ciudad de Buenos Aires con un show basado en los grandes clásicos de la primera época del grupo.

Mi comentario sobre el show de aquel domingo de abril de 2009 fue posteado en Kissteria al día siguiente del evento pero en esta ocasión me gustaría dejarlos con dos reseñas publicadas en su momento por sendos periodistas argentinos.

César Fuentes Rodríguez y Pablo Raimondi exponen con estilos claramente diferenciados sus puntos de vista sobre un concierto que poco después iba a quedar inmortalizado en la edición estadounidense de Sonic Boom.

* Nostalgia y más nostalgia *

Publicado por César Fuentes Rodríguez en la revista Requiem de mayo de 2009

[ El cierre del monstruoso Quilmes Rock de este año estuvo a cargo de Kiss. No vale la pena ni mencionar a los soportes, que nada tienen que ver con el heavy o el hard rock y seguramente no aportaron ni un solo asistente más a una fecha que, por supuesto, tampoco los necesitaba. El estadio de River cuenta con mayor capacidad que el de Vélez Sársfield donde tocó Iron Maiden pero estuvo considerablemente menos lleno, con notorias franjas huecas en el fondo y cobertura parcial en las plateas. Fue, con todo, un éxito de público y llevaba de antemano el sello de la satisfacción garantizada.

Kiss se halla en proceso de alumbrar un nuevo disco, con toda la expectativa que eso representa, pero esta gira está dedicada puramente al recuerdo. Tommy Thayer y Eric Singer no sólo reemplazan físicamente a Ace Frehley y Peter Criss sino también a sus personajes. En una movida muy arriesgada (por lo conservadora), Kiss prefirió mirar hacia el pasado en lugar de crear dos nuevas figuras como en la época de Vinnie Vincent y Eric Carr, y por cierto que será en lo sucesivo una decisión hacia la que apuntarán todas las críticas. Mientras tanto, esto es lo que hay. Eric Singer es el gato y Tommy el hombre espacial. Cumplen con sus papeles sin el menor agregado, y cuidándose de robarle protagonismo a la dupla Simmons-Stanley, que reina suprema con todo el vedetismo del caso.

Las pocas o nulas sorpresas no fueron en desmedro del espectáculo, sin embargo. El gigantesco escenario quedó a oscuras mientras todavía sonaba Won’t get fooled again de The Who, y los últimos acordes fueron aprovechados como introducción. Las luces y los disfraces se encargaron de ganar la apuesta desde que cayó el telón. La primera parte del show consiste ni más ni menos que en una recreación morosa de aquel Alive! que enfervorizó a sus fanáticos en los 70, un verdadero plato de lujo para el viejo admirador con todos los guiños y trucos de la época recreados hasta la obsesión. No faltó la llamarada escupida hacia la altura por Gene Simmons y las sirenas ululantes durante Hotter than hell, ni los efectos pirotécnicos de la guitarra de Tommy Thayer en el solo de She, ni la batería que se eleva mientras retumban los parches de Eric Singer, ni siquiera las explosiones por doquier y el cartel lumínico de Kiss que se enciende en oleadas.

Para mí, que no soy fanático de Kiss ni mucho menos, un show que está por cumplir los 35 años no puede sino parecer algo quedado en el tiempo, y si la cosa hubiese terminado en la fiesta sin barreras de Rock and roll all nite y su nube de papelitos, quizá me habría ido algo desencantado. Más en momentos como esos en los que Gene Simmons pone en práctica su hoy ya largamente superada rutina de la sangre falsa brotándole de la boca y el dispositivo para elevarlo apenas logra subirlo un par de palmos para devolverlo enseguida con torpeza al piso. No obstante, en ese punto, lo mejor estaba por venir.

Con Shout it out loud, luego de una pausa de rigor, se inició una corta celebración del resto de la carrera de los neoyorquinos que no excluyó su etapa sin pintura, representada por Lick it up y un insólito interludio con el puente de Won’t get fooled again digitado entre Paul y Tommy. Tampoco aquella notable transición de Creatures of the night con la efectiva I love it loud. Menos aún el hit I was made for loving you, uno de los más coreados. Durante toda la noche, Stanley manejó al público con sus remanidas arengas y no se privó siquiera de lanzar su única frase en castellano. ¿Adivinan? Sí, por supuesto: «No hablo español muy bien pero comprendo su sentimiento y mi corazón es suyo». Nada ha cambiado. Bueno, casi nada; ese falso arranque con Stairway to heaven de Led Zeppelin, rápidamente negado, sirvió de guiño humorístico. Y el diálogo con la audiencia continuó al deslizarse por sobre sus cabezas en cable hasta la plataforma del mangrullo central para interpretar Love gun. El final con Detroit Rock City y su festival de luces, muecas y explosiones se vio beneficiado por el extraordinario colofón de los fuegos artificiales destinados a concluir el festival en su totalidad. Dentro de un historial de presentaciones en el país ciertamente irregular para la banda, Kiss ofreció uno de los recitales más sólidos y disfrutables. Bastaba ver las caras pintadas a la salida. Esas expresiones de alegría no se logran apenas con cosméticos. ]

* Rock con fuegos artificiales *

Publicado por Pablo Raimondi en el diario Clarín el 7 de abril de 2009

[ El domingo por la noche el estadio de River se transformó en Buenos Aires Rock City con una población de 54 mil personas. ¿Por qué? El grupo neoyorquino Kiss cerró el Quilmes Rock a puro hard rock, fuegos artificiales, detonaciones y trucos visuales.

Mantenerse fiel a un estilo sin empañar la leyenda pareció ser la consigna de esta banda comandada por Gene Simmons, en el bajo, y Paul Stanley en la voz y guitarra rítmica.

Oscuridad, neones azules y una gran bandera negra con el logo en plateado del grupo, enmarcó el comienzo del concierto. Una explosión, caída del telón y el rock and show no pararía durante dos horas. Kiss abrió con Deuce y mostraba al cuarteto, que se completa con Tommy Thayer en guitarra y Eric Singer en batería, con el profesionalismo que dan 35 años de carrera. Simmons señalaba a cada fotógrafo y les sacaba una de las lenguas más famosas del rock and roll mientras Stanley daba pequeños saltos.

«Esta noche es la noche. No hablo español muy bien pero comprendo sus sentimientos y mi corazón es suyo», decía Paul al igual que en visitas anteriores y continuó rockeando con Strutter y Got to choose. Con sus enormes plataformas, los pasos de tarántula de Simmons frenaron al escupir fuego en Hotter than hell y clavar su antorcha-espada en el piso.

Kiss, que por cuarta vez se presentó en Argentina, se basó en su disco Alive! más cinco bises, para armar un set list lleno de nostalgia con temas como Parasite, Cold gin o Black diamond, sobre un frío y azulado escenario. Uno de los trucos «marca Kiss» se vieron en She cuando Tommy Thayer desde su guitarra le disparó fuegos artificiales al techo del escenario. O en 100,000 years, cuando la batería de Eric Singer se elevaba como una nave espacial.

Quizás muchos extrañaron God of thunder con el rito sangriento desde la boca de Gene Simmons y elevación, esta vez algo fallida, que fue reemplazada con la canción I love it loud. Algunas «improvisaciones» de Paul Stanley, como amagar con Stairway to heaven de Led Zeppelin o arremeter con Guantanamera, demuestra que Kiss hace lo que quiere.

El momento sublime de la noche fue cuando los fuegos artificiales, desde atrás del escenario y sobre las tablas mismas, presentaba al clásico Rock and roll all nite. Y allí la sorpresa: una especie de nevisca cubrió de papelitos casi todo el estadio. En las pantallas se veía la frase en inglés «Rock and roll toda la noche y fiesta todo el día», tal cual reza el hit kissero. Y así se vivió ese tema.

Luego llegó el turno de los bises con el hit Fui hecho para amarte donde a la voz de Stanley se le notó el trajinar de los años. «Yo puedo estar cerca de ustedes si dicen bien fuerte mi nombre», dijo el enigmático vocalista al público. Luego de la respuesta se subió a una tarima y de ahí a una especie de tirolesa que lo trasladó hasta la torre de sonido central desde donde cantó su tema preferido: Love gun, para delirio del público.

El cierre con Detroit Rock City marcó la magnitud del concierto, con un sinfín de destellos en el aire, detonaciones y el constante asombro del público que no sabía si mirar el cielo o el escenario. Por un día, Buenos Aires fue la ciudad del rock. ]

~ por Mike en abril 5, 2010.

Una respuesta to “Doble aniversario”

  1. La verdad que nunca sufrí la muerte de Mark St. John. Me movió su fallecimiento porque se trataba de una persona joven y talentosa. Es todo.

    Nunca me gustó su forma de ejecutar y su imagen jamás cuajó dentro de la banda. Si no se enfermaba de la mano, tampoco le hubiera quedado mucha vida en Kiss.

    Lo mismo opino de Bruce Kulick, aunque el “chico con cara de hiena”, como lo describía la periodista Gloria Guerrero, parece un buen tipo…

    Con respecto al aniversario de la visita de Kiss. Bueno, estuve ahí. No fue el mejor show que vi en mi vida, ni siquiera fue el mejor show de Kiss que vi en mi vida.

    Fue un recital correcto, mucho mejor que el del 99, no tan bueno como el del 96, y a años luz de la primera visita de Kiss en el marco del Monsters of Rock.

    Pasé un buen rato y cumpli con mi deber kissero. Aunque es muy probable que sea la última vez que vea a Kiss.

    Creo que ya están grandes y deberían retirarse. Un show como el de Kiss demanda un estado físico que estos músicos ya no tienen, y las comparaciones saltan a la vista a los dos minutos de comenzado el recital.

    Y en la comparación siempre salen perdiendo…

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