Skid Row en vivo

En el marco de una gira de ocho días por territorio sudamericano, Skid Row se presentó el pasado viernes 27 de noviembre en El Teatro del barrio porteño de Colegiales.

La tercera visita de Skid Row a nuestro país convocó a un gran número de espectadores y terminó siendo una verdadera celebración apoyada en los grandes clásicos de los primeros dos discos de la banda.

El principal interrogante que planteaba el show consistía en comprobar si el cantante Johnny Solinger estaba en condiciones de cumplir con la ardua tarea de reemplazar a Sebastian Bach.

El demoledor comienzo con Big guns demostró claramente que el hombre nacido en Texas está capacitado para ser la cara más visible del grupo.

El mayor mérito de Solinger radica en que no intenta imitar a Bach sino que trata de imprimir un sello propio a las canciones, aun cuando no es un vocalista de excepción.

Sin embargo, el timón del barco es conducido por los tres integrantes originales que aun permanecen en la banda: el bajista Rachel Bolan y los guitarristas Scotti Hill y Dave «Snake» Sabo.

Estos galanes maduros del rock son los verdaderos responsables del sonido contundente que Skid Row presenta en la actualidad.

Durante el concierto, Bolan aportó la actitud heredada del punk rock gracias a una punzante interpretación de Psycho Therapy de los Ramones, clásico incluido en B-Side Ourselves junto a perlas de Kiss, Judas Priest y Rush.

Los guitarristas se repartieron los solos y demostraron su talento durante el largo interludio de Monkey Business, en el que expusieron sus atributos distintivos en el manejo del instrumento.

Mientras Sabo se lucía como un prodigio de las seis cuerdas que no deja de lado las sutilezas, su compadre se movía por el escenario como poseído por el espíritu de Dimebag Darrel.

En todo momento, el público respondió de manera fervorosa a la propuesta de la banda pero el termómetro estalló con clásicos como Riot act, Piece of me o Get the fuck out, en el que un demasiado correcto Solinger pidió disculpas por el uso abusivo del lenguaje.

La intensidad fue reducida sabiamente con dos éxitos del disco debut de la banda. En primer lugar, la canción que los introdujo en el negocio de la música: 18 and Life y en segundo lugar, I Remember You, con Sabo en la guitarra acústica.

También hubo espacio para varios temas de la etapa con Johnny Solinger, entre los que se destacaron las versiones de New Generation y Thick is the skin.

La primera parte del recital concluyó con uno de las canciones más pesadas dentro de la carrera de la banda, Slave to the grind. Impresionante.

Durante la primera visita a la Argentina, ocurrida en 1992, la banda había interpretado una versión asesina de Cold Gin. Cuatro años después habían hecho lo propio con Parasite, nada menos que junto a algunos integrantes de Biohazard que también se encontraban en Buenos Aires por aquel momento.

Para completar la trilogía de homenajes a Kiss en nuestro país, el único bis que realizaron en el show de El Teatro comenzó con las notas inconfundibles de I love it loud.

La batería de Dave Gara sonaba aplastante mientras los puños se elevaban hacia el cielo pero rápidamente el clásico escrito por Gene Simmons y Vinnie Vincent se fusionó con el tema más representativo de la carrera de Skid Row, Youth gone wild.

Mientras el público coreaba las partes de la guitarra, el grupo dejaba la última gota de sudor antes de retirarse del escenario entre risas y falsas trompadas en cámara lenta, seguramente producto de un chiste interno de sus integrantes.

A pesar de la ausencia de Sebastian Bach, la banda se las arregla para brindar un espectáculo que los ubica como verdaderos clásicos del rock estadounidense, algo totalmente impensado cuando la empalagosa imagen del rubio nacido en las islas Bahamas saturaba la pantalla de MTV a comienzos de la década del noventa.

Como complemento de esta crónica, me gustaría dejarles este reportaje realizado por Pablo Raimondi que fue publicado el mismo viernes del show en el Suplemento Sí de Clarín.

* Luchadores del hard rock *

«Equipo que gana no se cambia», es una de las máximas del fútbol. ¿Esto se puede aplicar al rock? Por supuesto. Desde hace casi una década, Skid Row, uno de los sobrevivientes de la escena hard rock mundial, clonó a su ex vocalista Sebastian Bach y «creó» a Johnny Solinger: un rubio histriónico que se calzó las botas de una de las voces más carismáticas del metal.

«Las cosas con Johnny funcionan genial. No sólo es un gran vocalista y un gran intérprete, sino que además es un buen tipo. Ayuda a la longevidad de la banda y hace que la vida en las giras y en las grabaciones sea mucho más fácil. Es fantástico, un gran talento», tira flores Scotti Hill, uno de los guitarristas fundadores del grupo.

El misterio sobre esta versión tuneada de Skid Row (en 2004 entró el batero Dave Gara) se develará esta noche en el Teatro de Colegiales. «Si la gente no quiere ver a Skid Row sin Sebastian, es su decisión, pero se pierden un show genial. Para nosotros, Johnny es el mejor, eso sí, no tengo nada contra Bach», se ataja Hill.

Trece años atrás… ¿el violero habría opinado lo mismo sobre el blondo? En 1996, Rob Afuso, batero original de Skid Row, vería la puerta de salida junto al atormentado frontman que encumbró a la fama al grupo de Nueva Jersey.

Sin dudas, las cosas no terminaron bien entre el ex Super Group y el trío Sabo, Hill y Bolan. ¿Una muestra? En la biografía, que se puede leer en el website oficial de la banda, ni se lo menciona.

La figura de Sebastian Bach alimentó mitos desde sexuales (en una visita a una FM rockera) hasta judiciales, cuando demandó al «padrino» de Skid Row y amigo de Dave «Snake» Sabo: Bon Jovi.

«En los comienzos Jon fue de gran ayuda para nosotros. Se le pagó por eso. Sin su colaboración quizá nunca habríamos logrado tener éxito. Me cae bien, diría que es un amigo. No hay mala leche entre Skid Row y Bon Jovi», aclara el guitarrista, fan de las motos y las mountain bikes.

El debut (Skid Row) y el segundo disco, Slave to the grind, superan en fuerza, voz y melodía a Thickskin, una obra de transición luego de un largo silencio musical de la banda que comenzaría tras editar Subhuman Race en 1995.

Para el último disco (Revolutions per Minute) volvería el productor Michael Wagener, responsable del sonido crudo, metálico y salvaje de la época dorada.

¿Es más difícil crear un disco cuando el género que tocás no es tan popular como en los 80?
-En realidad, no. El proceso sigue siendo casi el mismo, sólo que ahora todos somos un poco más grandes y nuestro gusto musical cambió. Tenemos una mentalidad más abierta sobre lo nuevo.

Luego del parate musical del grupo, ¿se replantearon volver con Sebastian Bach de nuevo al frente?
-Deshicimos el grupo durante algunos años y, cuando volvimos a reunirnos, no lo invitamos a formar parte. Decidimos reorganizarnos sin él. Y es una decisión de la que no me arrepiento porque Johnny es el indicado.

¿Estás en contacto con Bach?
-Para nada.

¿Seguís enojado con él?
-Estoy muy descontento. No nos llevábamos bien y no se entendía ni con Rachel (Bolan, bajo), ni con Snake, ni conmigo. El rock tiene que ser divertido, pero no lo era trabajando en esas condiciones.

O sea que no hay chances que vuelva a la banda…
-Mmmmm, muy pocas. No creo que ocurra.

~ por Mike en diciembre 1, 2009.

Una respuesta to “Skid Row en vivo”

  1. A esta banda me la perdí, y no me refiero al show en Colegiales (a muy pocas cuadras de mi casa). Simplemente nunca me enganchó.

    Creo que, en parte, culpo a Sebastian Bach. Las bandas con rubios lindos y glamorosos me remiten de inmediato a Poison y Bon Jovi, dos grupos que detesto, así que jamás le di una chance a Skid Row.

    Sin embargo, sí tengo “B-Side Ourselves”, más que nada para escuchar los covers de Kiss, Ramones y Judas (ignoro a Rush que tampoco nunca me interesó).

    De todas maneras, hubiera ido a El Teatro a verlos, si no fuera porque me olvidé por completo.

Los comentarios están cerrados.

 
A %d blogueros les gusta esto: