Kiss en River

Para los que ya cruzamos la barrera de los treinta, Kiss es una parte fundamental en nuestras vidas. Desde edades muy tempranas, tomamos la impronta de la banda como propia y nos unimos en un ritual pagano que continúa hasta estos días.

Kiss es una marca indeleble en nuestra existencia y el amor que profesamos por la banda es inagotable, absoluto.

Precisamente, este concepto explica el alto grado de ansiedad que experimenté toda la semana. El domingo a la tarde estuve muy nervioso. El hecho de volver a presenciar un recital de Kiss luego de diez años me parecía surrealista.

Los minutos previos al inicio del show parecían interminables pero cuando cayó el telón con el enorme logo de la banda, mis músculos comenzaron a relajarse.

Won’t get fooled again, el clásico de The Who, funcionó como el preludio ideal para el emotivo grito de guerra que introduce a la banda en los escenarios de todo el mundo. All right, Buenos Aires…

A partir de ese momento, transité por diferentes estados de ánimo. Durante los primeros cuatro temas del recital, mi excitación fue total.

Dentro de un repertorio que a lo largo del show se tornaría previsible, Got to choose fue la primera perla del set más allá de algunos problemas de sonido.

Ante la inexplicable ausencia de Firehouse, Gene Simmons apuró los papeles para realizar el acto del lanzallamas al término de Hotter than hell.

Tras una versión un tanto desprolija de Nothin’ to lose, el show ingresó en una zona exclusiva para fans que incluyó clásicos punzantes como Parasite y Watchin’ you.

Tommy Thayer cosechó una buena cantidad de aplausos durante su solo en She pero su falta de carisma me resultó francamente alarmante.

Uno de los momentos que más disfruté fue la gran versión de 100,000 years, en la que Paul Stanley volvió a demostrar por qué es el más grande.

Una de las pocas sorpresas del show se produjo segundos antes de Let me go, rock and roll cuando Paul interpretó una breve introducción que sin duda pertenece a una de las nuevas composiciones de la banda.

Lamentablemente, no se animaron a tocar el tema entero. Me molesta que Kiss se haya vuelto una banda tan conservadora durante estos últimos años.

Paul Stanley fue la gran estrella del show y aunque me pareció que estaba regulando las energías, su actuación resultó excelente.

Para la entrada de Black Diamond, esperaba que Paul improvisara sobre las bases de Shandi o Forever. Pero el cantante se inclinó por las primeras estrofas de Stairway to heaven. Impresionante.

Black Diamond fue otro punto muy emotivo del set aunque puso en evidencia una vez más que la mística de los años setenta fue única e irrepetible.

Nadie pudo igualar la interpretación de Peter Criss, ni siquiera Eric Carr. Por otro lado, me provocó cierta pena ver a Tommy Thayer esperando mecánicamente el momento exacto para arrodillarse antes del solo.

Una temprana versión de Rock and roll all nite se transformó en el mejor tema de la noche. Fue el momento más alto del set ya que la banda logró conmover a todo el estadio.

Kiss

Me gustó la versión de Lick it up especialmente porque incluyó el inesperado interludio de Won’t get fooled again, el clásico de The Who mencionado más arriba.

Cuando Gene se acercó hasta el borde del escenario para realizar su bizarro solo de bajo, nadie imaginó que se avecinaba un momento Spinal Tap.

Después de escupir sangre sin pena ni gloria, Simmons esperaba que los cables sujetados a su armadura lo llevaran hasta lo más alto del escenario.

Grande fue la sorpresa cuando el bajista se quedó a mitad de camino colgando a cinco metros del suelo.

Tras unos segundos que parecieron horas, los técnicos decidieron cancelar el acto de elevación y Gene tuvo que cantar I love it loud desde el llano.

Yo sé que este tipo de imprevistos siempre pueden presentarse pero en un show de esta magnitud, el error es imperdonable.

Gene Simmons quedó expuesto como un mago de cuarta que deja ver sus trucos y protagonizó uno de los grandes papelones de su carrera.

Paul puso las cosas en su lugar con I was made for lovin’ you, en una versión mucho más ajustada que la del show de 1999.

Después se dirigió sin mayores inconvenientes hacia el centro del estadio para cantar Love gun, otro de los puntos destacados de la noche.

Fue muy emocionante ver a Paul volando a través del Monumental, sobre todo porque me había quedado con las ganas en el show de Psycho Circus.

El recital concluyó con Detroit Rock City, probablemente el clásico más representativo de la historia del grupo, mientras la pirotecnia hacía explotar el escenario.

El show me gustó, especialmente durante los temas más oscuros de la primera época. La banda sonó bien aunque hubo algunos desajustes, propios de todo comienzo de gira.

Esta nueva visita de Kiss me pareció mejor que la de hace una década pero no hay forma de compararla con la magia que se produjo en Buenos Aires en 1994.

La lista de temas resultó previsible pero acertada y la puesta en escena terminó siendo verdaderamente espectacular. El juego de luces y la pirotecnia fueron sobresalientes.

Lamentablemente, una parte importante de los espectadores parecía anestesiada y sólo levantó temperatura con los bises, el momento más contundente del show.

Paul Stanley se lució en el aspecto vocal pero abusó de los gestos demagógicos, en muchos casos forzando la respuesta de la gente.

Gene Simmons tuvo una actuación sólida llevando adelante el show junto a Paul aunque a esta altura de los acontecimientos, ya no le creo nada.

Eric Singer volvió a demostrar su enorme solvencia como músico contratado aun cuando su solo de batería no aportó nada demasiado novedoso.

Tommy Thayer cumplió con todo el protocolo pero su presencia arriba del escenario pasó prácticamente desapercibida. Las botas de Ace le quedan enormes.

Me retiré del Monumental con un sabor agridulce. Por un lado, fue emocionante volver a ver a Kiss en vivo después de diez años.

Por otro lado, siento que la idea de recrear el show de Alive termina por convertir a Kiss en una banda tributo integrada por Gene Simmons y Paul Stanley junto a dos muy buenos músicos de sesión.

~ por Mike en abril 6, 2009.

2 comentarios to “Kiss en River”

  1. Me pareció muy buena tu crítica. Coincido en todo lo que comentaste sobre el show de Kiss. A mi me pareció mejor que el de 1999 pero sin punto de comparación con Obras 94 y River 97. Un saludo!

  2. Coincido en parte con tu crítica, pero quizás soy conformista. Prefiero una banda tributo integrada por Paul Stanley y Gene Simmons antes que nada. Sobre todo porque la vuelta de Ace y Peter ya no es posible, y aunque lo fuera, no sería positiva para la banda.

    Si Kiss sonó para el culo como sonó en 1999 es por Peter y Ace, y no quiero volver a vivir eso. El Kiss del sabado pasado sonó bien y yo me divertí. Para mi es suficiente. Abrazo.

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