Psycho Circus

Tras la exitosa gira reunión realizada durante 1996 y 1997, el gran interrogante era saber si la banda iba a editar un disco de estudio con composiciones nuevas. El misterio quedó resuelto en 1998, cuando Kiss salió a la cancha con Psycho Circus.

El productor Bruce Fairbairn (que falleció el 17 de mayo de 1999) fue el artífice de una aventura musical que buscó adaptar el sonido clásico de Kiss a la era post grunge. Aun cuando el resultado final fue satisfactorio, el material no consiguió el impacto deseado.

Tiempo después, se supo que Peter Criss y Ace Frehley apenas si habían participado de las grabaciones del disco. Salvo por el aporte en unos pocos tracks, sus lugares fueron ocupados por Kevin Valentine y Tommy Thayer, respectivamente.

El viernes 11 de septiembre de 1998, el Suplemento Sí de Clarín publicó una reseña track by track de Psycho Circus a cargo de Fernando García.

Los fans de Kiss sabemos que los grandes medios nunca fueron amables con la banda pero esta nota, aun con su fastidioso sarcasmo, sirvió en su momento para calmar la ansiedad por los temas nuevos, en una época en que la circulación de música por la web se encontraba todavía en estado embrionario.

* Había una vez un circo *

Anticipo exclusivo: tema por tema, cómo es Psycho Circus, el primer disco de los Kiss originales en dieciocho años. Sí, Paul, Gene, Ace y Peter juntos en estudio otra vez. A no desesperar que sale a fin de mes.

Y había una vez, también, un quinto Kiss. Es que el productor Bruce Fairbairn (Aerosmith, AC/DC) debería conseguirse ya su set de maquillaje y posar para la fotito después de haber conseguido hacer sonar (con ese grande) a los Beatles de la generación X. Sí, porque desde los Beastie Boys a Kurt Cobain, pasando por Phil Anselmo y nuestros Babasónicos, todos tuvieron su primera sensación rock con estos cuatro enmascarados. Así que negocio, excusa o retorno triunfal, aquí están los diez temas del Psycho Circus, uno por uno.

Psycho Circus. Los primeros instantes del regreso envasados en una atmósfera de pesadilla circense (¿Circo Beat?). Todo desemboca en un riff estentóreo. “El maquillaje corre por mi cara, somos exiliados de la raza humana” canta Paul Stanley en el corte del disco, que cruza el post Lick it up con los criterios barrocos de producción del mítico Destroyer.

Within. El laboratorio del doctor Fairbairn contra los fantasmas de sonar desactualizados. Imaginen una canción de Gene Simmons circa 1975 (“Watchin you”, por ejemplo) remixada por Garbage. No porque les adosen una prótesis tecno ni mucho menos, sino porque las situaciones sonoras se disparan como fuegos artificiales detrás de una línea melódica cantada con la mejor voz cavernosa de Gene. Kissónico.

I pledge allegiance to the state of rock ‘n’ roll. “Le dí mi sangre y le dí mi vida”. Bla, bla, bla. Un remanido homenaje al dios del “rocanrooouuul” de parte de Paul.

Into the void. Para incluir en la antología Frehley/Kiss junto con “Parasite”, “Cold Gin” y el cover de “2.000 man”. El mejor estribillo del disco: sexy y glam, en esa voz tan extraña que tanto se extrañaba.

We are one. Gene le habrá querido devolver a Garth Brooks su versión de “Hard luck woman”. De otra manera, este chiste no se entiende. Gene acústico en una de esas canciones horribles que las estrellas componen en las giras.

You wanted the best. El jingle perfecto para vender la bocha de merchandising que lanzaron este año. Cantan los cuatro.

Raise your glasses. Ahora es Paul el que parece devolverle a Lenny Kravitz su versión de “Deuce”. De lo más ochentoso en cuanto a sonido y arreglos. Ojo: Paul canta “Somos los campeones”. ¿Homenaje o provocación directa a la mitad Queen de Argentina?

I finally found my way. Sos bizarro gato, eh. Peter Criss tras la gloria de “Beth” (EL LENTO de Kiss), acompañado por una orquesta de cuerdas jugando a Johnny Mattis.

Dreamin’. Otra canción de Paul en plan Kiss despintado. Cuando empieza te acordás de “I want you” de Rock & Roll over pero enseguidita te dás cuenta que no…

Journey of 1.000 years. ¡Bieen! El Simmons que más nos gusta, el que la va de extraterrestre con delirio místico. Enfundado en el traje de un Meat Loaf o el Ozzy baladista, se despacha con una fanfarria pomposa de cinco minutos que recuerda a pasajes de Music from The Elder y Great expectations (Destroyer). En medio de un remolino de bronces, cuerdas y percusión, el vampiro susurra: “Este es un viaje de mil años”. Kissinfónico. Fin.

~ por Mike en agosto 1, 2008.

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