El reino del revés

•marzo 5, 2011 • Comentarios desactivados en El reino del revés

Kiss

Viene Bruce Kulick

•febrero 11, 2011 • Comentarios desactivados en Viene Bruce Kulick

Exactamente dentro de un mes, Bruce Kulick regresará a la Argentina para presentarse en vivo junto a Sebastián Gava. La cita es el viernes 11 de marzo en The End, reducto ubicado en pleno corazón del barrio de Flores.

Un día después, la fecha se repite en el Teatro Broadway de la ciudad de Rosario. El miércoles 16 será el turno de Santiago de Chile.

El propio Bruce anunció su llegada a Sudamérica con estas palabras. “I am excited to announce some new information regarding my upcoming trip in March to Argentina, as well as an appearance in Chile. Along with my friend Sebastian Gava, I will be performing two confirmed shows in Argentina. I am really looking forward to seeing my fans in Argentina and Chile, and please remember I will be looking to visit some other South American countries as well this year. I sense some Crazy Crazy Nights in South America coming in March”.

La otra novedad es que luego de su paso por nuestro continente, Kulick volará hacia Europa donde tiene algunos conciertos programados con ESP. De esta manera, el guitarrista volverá a unir fuerzas con Eric Singer, John Corabi y Chuck Garric tras un muy extenso paréntesis.

En su reciente visita a la Argentina, Corabi había señalado su deseo de volver a tocar con Kulick en una nueva versión de Union pero parece que las agendas y los tiempos le dieron prioridad al proyecto de covers comandado por el actual baterista de Kiss.

Por cierto, si no tuvieron la oportunidad de ver el DVD de ESP registrado en el Marquee de Sydney, les sugiero que lo hagan cuanto antes porque realmente vale la pena. Eric Singer Project se presenta el 27 de marzo en Helsinki, el 31 de marzo en Praga y el 2 de abril en Telfs, Austria.

Para ir preparando la llegada de Kulick a nuestro país, los dejo con una entrevista publicada el 25 de noviembre de 2010 en el sitio chileno Rocknvivo con motivo de la posteriormente frustrada llegada del hermano de Bob a tierras trasandinas.

Entrevista a Bruce Kulick, ex guitarrista de Kiss

El ex guitarrista de KISS, ahora integrante de Grand Funk Railroad y también solista, Bruce Kulick, visitará Chile próximamente para ofrecer un show agendado para el 11 de diciembre, en el teatro La Cúpula del Parque O’Higgins, a las 21 horas.

Esta ocasión será muy especial: no solo será su único concierto en Latinoamérica, sino que además celebrará su cumpleaños, rodeado de sus fans en un show que promete ser inolvidable para los seguidores no solo de Bruce, sino también de Kiss.

Muy amablemente Bruce conversó con Rocknvivo y respondió nuestras interrogantes sobre su carrera como músico, su paso por Kiss y por supuesto sus expectativas respecto a su próximo concierto en Chile, entre otros temas.

En los primeros años de tu carrera tocaste junto a Meat Loaf, y luego te uniste a KISS como guitarrista desde 1984 hasta 1996, ¿qué significó para ti ser parte de Kiss y cuál crees que fue tu aporte a la banda?
-En aquella época KISS pasó por algunos cambios, me refiero a las vestimentas y el estilo del cabello… Yo me dediqué a hacer mi trabajo en guitarra. Para Gene y Paul, la banda es muy importante. Así que llegué a ayudar, hice lo mejor que pude, sin importar qué canción teníamos que grabar o en que concierto tuviésemos que actuar. Fui feliz de formar parte de la “organización” de Kiss: los fans de la banda son increíbles alrededor del mundo ¿Sabes? Hay temas que realicé que admiro mucho, en especial del disco Revenge, pero disfruté grabando todos y cada uno de los álbumes en los que estuve. Estoy muy orgulloso de lo que aporté a la banda.

Tocaste en Chile junto a KISS por primera vez en 1994, en el marco del festival Monsters of Rock, junto a Slayer y Black Sabbath. ¿Qué recuerdos tienes de ese show?
-Según me acuerdo el  concierto fue al aire libre… Estaba muy feliz de conocer finalmente a los fans chilenos, ya que nunca habíamos venido antes. ¡La reacción de público fue maravillosa! Todos entonaban cánticos como alentado a equipos de fútbol, fue muy emocionante. Estuvimos muy contentos por la reacción que obtuvimos. Siempre quise volver, así que espero con ansias estar allá nuevamente.

Desde el año 2000 formas parte de Grand Funk Railroad, ¿qué se siente ser miembro de otra banda legendaria en la historia de rock?
-Bueno, siempre me he sentido muy afortunado respecto a mi carrera, he sido guitarrista de grandes bandas en diferentes situaciones, y claro, Grand Funk es otra increíble agrupación de rock clásico. Hay algo respecto a este estilo, el rock más puro, que es muy importante y relevante: atrae y tiene fans en las nuevas generaciones todo el tiempo. La banda es increíble, todos sus miembros son muy talentosos y nos llevamos muy bien. Una de las mejores cosas es que podemos trabajar cualquier mes, no me toma todo el año estar con ellos, así que puedo hacer viajes como éste, por ejemplo: venir ahora a Chile y tocar para ustedes. Lo único negativo de ellos es que no quieren girar fuera de Norteamérica.

Has lanzado 3 álbumes dentro de tu carrera solista: Audio Dog (2001), Transformer (2003) y BK3 este año. ¿En qué se diferencia tu último trabajo de los anteriores?
-Siempre he visto mi carrera solista como algo que va evolucionando. Fui bastante valiente en hacer el primero y cuando lancé Transformers fue muy distinto, y la reacción de los fans fue muy buena. Siempre trato de mejorar y de desarrollarme musicalmente. Creo que BK3 posee composiciones muchos más heavy en guitarras y tuve suerte de tener a muchos artistas invitados. Creo que mi forma de tocar ha sido la mejor hasta el momento. Es una especie de disco Revenge, el cual es una de mis favoritos junto a Kiss.

¿Cuáles con tus fuentes de inspiración, tanto musicales como líricas?
-Líricamente trato de escribir sobre experiencias por las cuales he atravesado, trato de expresar poéticamente algunos puntos de vista. También hay algo de ficción. Siempre es un reto escribir letras, si me quedo entrampado, digo maldición y voy a mis influencias que son los Beatles y Bob Dylan, escucho sus temas, veo las letras y trato de buscar inspiración. En BK3, que es de sonidos más duros, por ejemplo, la encontré en libros religiosos, pero de aquellos que tratan de responder las preguntas de la vida. Musicalmente, y particularmente en BK3, creo que su sonido es un especie de mezcla de The Beates, con Deep Purple y Aerosmith (risas). Y musicalmente: Jimi Hendrix, The Who, Led Zeppelin e incluso Kiss. Los tomo a todos ellos como referencia.

El próximo concierto del 11 de diciembre sera muy especial ya que celebrarás tu cumpleaños. ¿Que expectativas tienes respecto al show en Chile?
-Bueno, mi cumpleaños será a la medianoche! (risas). Y aunque no lo fuera, siempre he tenido sentimientos muy fuertes por los fans allá ¡son muy apasionados! Será maravilloso, recuerdo mi último viaje, fue increíble, estoy muy emocionado. ¿Sabes? O sea, prefiero celebrar mi cumpleaños con los fans que con mi familia, que me ve todos los días.

Ya finalizando, ¿algún saludo para tus fanáticos en Chile?
-Claro! Estoy muy ansioso de volver y verlos a todos una vez más. Siempre he estado muy agradecido por su apoyo, eso hace que mi viaje sea más placentero para ir a verlos…

Publicado por Cristián Valderrama en Rocknvivo

•enero 31, 2011 • Comentarios desactivados en

camp

•enero 24, 2011 • Comentarios desactivados en

Barry Levine

El poder de Live Nation

•diciembre 29, 2010 • Comentarios desactivados en El poder de Live Nation

En 2010, el negocio de la música está básicamente en los conciertos. En España, la parte del león se la lleva la filial del coloso mundial.

El pastel es de Live Nation

La oficina de Live Nation en Madrid es un bajo en la zona noble de la ciudad que rodea El Retiro. Si no fuera porque en las paredes cuelgan carteles de conciertos, pasaría por una empresa de seguros. Pero es la sede de “la mayor compañía de eventos en directo del mundo”, pata local de una multinacional que en 2009 organizó 22.000 conciertos en 28 países y vendió 140 millones de entradas. Un gigante que cotiza en la Bolsa de Nueva York y que nació en 2005 como escisión de Clear Channel Comunications, primer grupo radiofónico de EE UU.

En cinco años, Live Nation Entertainment ha alcanzado proporciones colosales. No solo es promotora de conciertos y dueña de más de 170 salas en todo el mundo, además se fusionó en 2009 con Ticketmaster, la mayor vendedora online de entradas del planeta, tiene acuerdos de esponsorización con 850 marcas y representa a nivel mundial a la élite musical. Madonna, Jay Z o Lady Gaga son artistas que trabajan en exclusiva con Live Nation. O U2, que firmó con ellos un acuerdo por 12 años para llevar sus merchandising, su web y, sobre todo, sus giras. La de Vertigo, de 2005 a 2007, tuvo más de 300 millones de euros de beneficios. Paul McGuinness, el mánager de los irlandeses explicaba a Billboard el motivo del acuerdo. “Es obvio que la mayor parte del negocio de U2 es el directo. Incluso para bandas como esta que es una gran vendedora de discos”.

La estrategia de expansión internacional pasa por adquirir las grandes promotoras de cada nación. En Europa tiene filiales en 16 países, desde Turquía hasta España. Ha sido una revolución. Un ejemplo: compró Mean Fiddler, la promotora británica que llevaba entre otros el festival de Glastonbury. El efecto dominó, y los 38 millones de libras que su ex dueño, Vince Power, se agenció con la operación llevaron a que hoy el FIB esté en manos británicas.

En España adquirió Gamerco en 2006. Una empresa paraguas que agrupaba a otras cinco más pequeñas dirigida por un triunvirato. Está el fundador, Gay Mercader, 61 años, un personaje capital para entender el desarrollo de la música en directo en España, que vive en una masía en Girona desde hace 20 y lleva sus asuntos por teléfono. “Me gusta el teléfono, a mí me aporta proximidad”, dice desde su coche volviendo del acupuntor. “La venta ha ido como esperaba. Fui muy reacio a vender mi empresa durante mucho tiempo. Pero me di cuenta de que difícilmente podíamos crecer más. O me hacía parte de la mayor empresa del mundo o un día… Y el balance es óptimo. Las pocas cosas que se nos escapaban ?Madonna, U2…? las hemos recuperado. Es obvio que Live Nation se va a expandir exponencialmente en los próximos años”.

En su caso, esa expansión pasa por el concurso para llevar el Palu Sant Jordi y las instalaciones del Anillo Olímpico barcelonés en exclusiva y por entrar en el mundo de los festivales. Ya lo hicieron con Rock in Rio, y ahora apuntan a que en 2011 habrá casi con total seguridad dos festivales en Madrid. Uno pequeño y alternativo y otro con grandes nombres, aunque aún no detallan ni fechas, ni cartel, ni ubicación.

La empresa abrió hace meses la oficina de Madrid. En Barcelona sigue la central y allí reside Paco Martínez, el hombre en la sombra, director general y cerebro económico de la venta a Live Nation. Pero las otras dos cabezas visibles, el italiano Pino Sagliocco ?que en 2009 celebró su 50 cumpleaños con una superfiesta en Ibiza de la que dieron cuenta las revistas del corazón? y el barcelonés Roberto Grima ?más cercano a los 40 y que fue guitarrista del mítico grupo mod Los Negativos? se han mudado a la capital. “Yo empecé en 1979, Roberto en 1985 y Gay en 1973”, dice el italiano. “Primero fuimos competencia, 25 años de dura competencia. Llegó un día en que nos dimos cuenta de que luchar por separado era bastante difícil”.

“Tal y como estaba el mercado, la oferta de Live Nation nos daba la opción de traer a España a grupos que de otra manera sería más difícil y mucho más costoso. Hay mucha fantasía con lo del monstruo de Live Nation”, defiende Grima. “Nosotros seguimos haciendo lo mismo. Hemos respetado a los históricos siempre que ha sido razonable. Seguimos teniendo la misma relación con los grupos. Somos las mismas personas”.

Porque el tamaño de Live Nation despierta recelos entre la competencia. No se dice en voz alta, por no irritar al primo de Zumosol, pero promotores consultados aseguran que se hace difícil competir. “Live Nation, a corto o medio plazo, podrá dar oportunidades a los pequeños que tienen buenas ideas, pero no cobertura financiera y de producción. Eso lo podemos aportar nosotros. No pretendemos hacerlo todo. Sí ser un músculo que pueda reforzar a todos. Ser un pulmón: no agobiar y menos aún asfixiar”, asegura Sagliocco. “Hemos tenido la suerte de que en un año de crisis hemos vivido uno de los mejores años de nuestra historia. A la gente ahí fuera le interesa lo que hacemos”.

Aunque para muchos los precios de las entradas pueden matar a la gallina de los huevos de oro, Grima asegura que la política de Live Nation es mantenerlos ajustados. “Hay grupos que escuchan y son prudentes. Otros que no. Arcade Fire a 34 euros: no es tirado, pero es baratito y llenan el Palacio de Deportes de Madrid. Kings of Leon, no, porque las ponen a 46. De todos modos, muchas veces el precio no lo pone el promotor. Somos los más grandes, pero no los únicos. Y los artistas escuchan al mejor postor. Al final ellos deciden”.

Publicado el 24 de diciembre de 2010 por Iñigo López Palacios en El País

Peter Criss

•diciembre 20, 2010 • Comentarios desactivados en Peter Criss

La historia de un clásico

•octubre 22, 2010 • 2 comentarios

Cinco chavales descarriados destrozan la antigua casa del astro del cine Cecil B. DeMille, se ponen hasta arriba de caballo y llaman marica a Paul Stanley, de Kiss. Y así se convirtieron en las últimas grandes estrellas del rock.

Una sirena de policía suena a los pocos segundos de arrancar el disco Appetite for destruction (editado en julio de 1987). Y cuando quedan minutos para terminar el álbum se escuchan los gemidos desatados de una chica follando, los de la novia del batería de Guns N’ Roses de entonces, Steven Adler. Pero a eso llegaremos más adelante… Entre medias se suceden 12 canciones con violencia, sexo, drogas y, envolviéndolo todo, una mezcla de heavy, punk y rock clásico. Pocos discos reflejan tan bien el momento y el lugar en el que fue gestado, y las vivencias de sus creadores: los años 80 pasaban su ecuador cuando unos chavales apenas en la veintena se buscaron y encontraron en Los Ángeles para vivir aquello de sexo, drogas y rock and roll elevado al cubo, contarlo en sus canciones y tratar de triunfar haciéndolo. Lo consiguieron: desde su publicación se han vendido más de 28 millones de ejemplares de Appetite for destruction, durante más de un lustro Guns N’ Roses reinaron en el rock de este planeta y este disco permanece como uno de los debuts más salvajes –por sus canciones y las historias que esconde– del rock.

Pero su estallido también fue el principio del fin: con su éxito masivo surgieron las rupturas, los egos exaltados, los desfases con las drogas y las apariciones en prensa no sólo por temas musicales… Y Guns N’ Roses nunca ha llegado a superar la intensidad de este álbum. O como dijo el propio Axl Rose, vocalista y actual líder de la banda, en una entrevista para ROLLING STONE, en 1999: “Quizás éste acabe siendo el único álbum bueno que hagamos”.

ANTES DE ‘APPETITE FOR DESTRUCTION’
La historia de Axl Rose (William Bruce Roser, 1962, vocalista), Slash (Saul Hudson, 1965, guitarrista solista), Izzy Stradlin (Jeffrey Dean Isbell, 1962, guitarrista rítmico) Duff (Michael Andrew McKagan, 1964, bajista) y Steven Adler (1965, batería) no arrancó de forma muy diferente a la de miles de jóvenes en EE UU, en los hedonistas 80: unos descarriados ponen el punto de mira en Los Ángeles, la gran meca del rock entonces, donde se asientan para hacerse un hueco en este feudo gobernado por Mötley Crüe, Ratt o Poison, al frente de una larga lista de bandas que mezclaban el glam de los 70, el rock de estadio de Led Zeppelin y estribillos de pop pegadizo. Axl e Izzy eran dos emigrados del aburrimiento de Lafayette, Indiana, Duff, un gamberro criado con el punk rock y que había tocado en grupos de culto de este género (como los Fartz o Fastbacks), huía de la heroína que asfixiaba las calles de su ciudad, Seattle; mientras que Slash y Matt eran dos colegas de la infancia (aunque Slash pasó sus primeros años en Inglaterra) que, según Matt, desde los once años supieron lo que querían ser: estrellas del rock. En mayo de 1985 se produjo el encuentro mágico: tras coincidir nuestros protagonistas en bandas previas (Road Crew, Hollywood Rose…), tiene lugar el primer ensayo de la formación clásica de Guns N’ Roses. “Al tocar el primer acorde sentimos que aquella era la banda que habíamos estado buscando”, contó Duff en una entrevista para ROLLING STONE, en 2007. No sólo ellos: en los primeros meses de vida su nombre corrió como la pólvora en los garitos angelinos.

LA INSPIRACIÓN PARA ‘APPETITE’
Pero lo que estos jovenzuelos se encontraron al sumergirse en Los Ángeles poco tenía que ver con las canciones sobre desparrames felices que cantaban los grupos de rock duro llenos de laca que allí triunfaban. Sí, había fiestas, chicas y desfase, pero también prostitutas, heroína (a la que abrazaron varios de los miembros del grupo) y violencia (“Aquí es posible asesinar” dijo Slash en una entrevista de la época). Los cinco vivieron como en una comuna anárquica y pobre estos dos años previos a la publicación de Appetite for destruction. Pasaron por un local de ensayo -en la esquina de Sunset Boulevard con Gardner Street, en Los Ángeles– donde también caían desplomados por sus cuelgues. Se alojaron durante un tiempo en una antigua propiedad del clásico cineasta Cecile B DeMille, y que el grupo se encargó de destrozar. Arnold Stiefel, mánager de la banda entonces, recuerda cómo le citó el casero, indignado por los desperfectos. “Casi me desmayé cuando lo vi. Estaba más allá de lo imaginable y no pude parar de reírme al verlo: habían arrancado los váteres y los habían tirado a través de las ventanas, había restos de caca en los lavabos y, esparcidos, trozos de hamburguesas, con moho y a medio comer”. Entre desfases con drogas, ligues con bailarinas de striptease y sin dinero para apenas comer surgió la inspiración para componer Appetite for destruction. El anhelado contrato para su primer álbum llegó en marzo de 1986.

LA GRABACIÓN: “NO” A PAUL STANLEY
El primer productor elegido para ponerse al mando Appetite for destruction fue Paul Stanley, de Kiss. No hubo química con la entonces desmaquillada estrella: al enseñarle los Guns unas maquetas que tenían grabadas, éste sugirió que añadieran unos coros en la canción Nightrain, para hacerla, según Stanley, más pegadiza. Por este motivo Axl, mosqueado, dejó de hablarle e incluso de mirarle. Slash, por su parte, no fue más benévolo con el pronto destituido productor y esparció rumores sobre la supuesta homosexualidad de éste (¿existe mayor castigo para una estrella mujeriega como el ligón de Kiss?). “Sí, eran despojos drogadictos, pero eran unos despojos con disciplina”, recuerda Mike Clink, el productor finalmente elegido. Algunas fuentes datan el inicio de la grabación en agosto de 1986, otras en enero de 1987.

En Clink se juntaban dos coordenadas claves en el sonido de Appetite for destruction: paciencia y una gran conocimiento de técnicas antiguas de grabación. Lo primero fue necesario para pulir el diamante en bruto que era la banda: de las jornadas de 18 horas de trabajo de Clink muchas fueron para que Axl descubriese que no sólo era bueno gritando y que tenía un registro de voz amplio, y por otro, para pulir los solos de Slash y encajarlos con las pegadizas melodías de la voz. Lo segundo lo utilizó para aplicar técnicas ya entonces arcaicas: Clink cortaba con una cuchilla las mejores tomas de las bobinas de grabación y requirió de cinco personas para ajustar, sobre la marcha, las subidas y bajadas de volumen al mezclar. El resultado del trabajo fue un sonido crudo a la vez que pulido, que sirvió de puente entre el rock domesticado de los 80 y el incipiente, y sucio, grunge que se haría con el mercado pocos años después. El presupuesto de grabación fue el equivalente a 276.000 euros.

LAS CANCIONES: HEROÍNA Y VINO BARATO
“Estábamos en el sótano de casa de mi madre, cogí mi guitarra y le dije a Axl: ‘Mira lo que he sacado’. Y le moló”, cuenta Slash sobre Welcome to the jungle, la canción que abre Appetite for destruction. Después, con la ayuda de Izzy y Duff finiquitaron uno de los arranques más potentes y  reconocibles en la historia del rock. A partir de ahí, las influencias del heavy, el punk y el rock clásico se entrelazan en historias tan crudas -muchas eran experiencias vividas- como la música que las envuelve. Nightrain era el vino barato que la banda bebía en sus infinitas juergas; Mr. Brownstone refleja la lucha con la heroína de Izzy (“Está llamando a mi puerta y no me deja en paz”, dice, en inglés, parte de su letra); en Out ta get me Axl narra desgarrado sus problemas con la ley en su Indiana natal; y My Michelle va sobre una novia que tuvo Axl, Michelle Young, que le pidió que escribiera una canción sobre ella tras escuchar Your song, de Elton John, en la radio. Como un diario salvaje.

El único single que la banda ha tenido en el número uno de singles en EE UU hasta hoy, y que es una de las canciones más reconocidas de este álbum, nació de la casualidad. Slash estaba tocando lo que, en sus palabras, “era un ejercicio de guitarra tontorrón”, mientras Izzy le acompañaba con unos acordes. Lo que no sabían era que en la planta de arriba, en la ex casa de Cecile B DeMille, Axl les escuchaba y ponía letra para Sweet child O’Mine. Aunque la historia más morbosa lo esconde el tema que cierra el disco, Roquet queen. Los gemidos que se escuchan en medio de la canción son reales: Axl estaba grabando voces, mientras Adriana, de 19 años, se frotaba con él. Los técnicos no dieron al botón de stop mientras el ambiente subía de tono entre la improvisada pareja.“Venga, Adriana, haz que sea de verdad”. Las palabras de Axl fueron órdenes para la joven: los dos acabaron montándoselo ahí mismo y los gemidos de la joven quedaron inmortalizados para siempre. “Hubiese hecho cualquier cosa por Axl, era mágico”, dice Adriana Smith ahora, ya cuarentona, que entonces quiso vengar las infidelidades de su novio. Nada que no fuese extremadamente extraordinario si éste no hubiese sido Steven Adler, el batería de la banda. La cosa iba de excesos hemos dicho. Appetite for destruction llegó a las tiendas en julio de 1987.

LAS CONSECUENCIAS
Una madrugada de domingo, en diciembre de 1987, fue decisiva para catapultar al estrellato a Appetite for destruction. A las cuatro de la mañana se emitió por primera vez el vídeo musical de Welcome to the jungle, en MTV, cadena musical entonces determinante para el ascenso de un grupo. El fenómeno fue similar a cuando Elvis Presley sonó por primera vez en la radio, en los 50, o la primera aparición de los Beatles, en los 60, en el programa de televisión de Ed Sullivan: las peticiones para que se emitiera de nuevo el vídeo no cesaron y el efecto dominó hizo que los 200.000 ejemplares que se habían vendido hasta entonces se multiplicaron vertiginosamente. Como en tantos aspectos relacionados con esta banda no faltó polémica: la portada original, hecha por el artista Robert Williams, con un robot que acaba de violar a una chica, fue cambiada por una cruz con las cabezas de los miembros de la banda. 23 años después de salir, lo salvaje de sus canciones y sus historias se extiende a las cifras: Appetite for destruction lleva más de 28 millones de ejemplares vendidos a día de hoy.

Publicado por Ivar Muñoz-Rojas en Rolling Stone España

 
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