Un mundo sin héroes

El 14 de febrero de 2000, Kiss emitía un comunicado a través del cual se informaba sobre la gira despedida de la banda. Quién hubiera dicho que nueve años después íbamos a estar comprando la entrada para verlos una vez más en vivo en nuestro país.

El periodista Gustavo Olmedo fue testigo de la última gira de la formación original y volcó sus impresiones sobre el show de Syracuse en esta nota publicada por el Suplemento Sí de Clarín el 27 de octubre de 2000.

* Un mundo sin héroes *

Durante la gira de despedida de Kiss, el Sí consiguió un raro privilegio: echar un vistazo al sagrado guardarropa de los enmascarados del rock. Aquí los auténticos trapitos sucios (sudados, bah) del heavy metal circus. Un melancólico “chau” a Gene, Paul, Peter y Ace.

Paradojas de la vida. En los ochenta, mientras Kiss decidía despintarse “para toda la tristeza de la gente”, se publicaba Dark knight returns, la mejor historia de Batman jamás contada.

Allí un Bruno Díaz cincuentón y decadente (¡hasta pierde en los mano a mano!) regresa a su alter ego encapotado una vez más. Como si no existiera distancia temporal y física entre Ciudad Gótica y Nueva York, Kiss está festejando su show 113 de su gira de despedida.

Ahora, a ellos también les duelen los huesos y se cansan. De hecho, se retiran. ¡Justo ahora que el 2000 anuncia la vuelta del Dark Knight!

Como lo leen, la jubilación de Kiss coincide con el regreso de un Bruno Díaz sesentón, que pugna por encontrar su lugar en un mundo sin héroes.

En la cola del War Memorial neoyorkino, la mayoría de los fans que se produce, eligió a Gene Simmons como modelo. Como casi siempre, ninguno se tomó el trabajo de personificar a Peter Criss.

A un costado de la entrada principal está la puerta del backstage, el pasaje al mundo real de Kiss, donde Paul Stanley viste jeans, zapatillas, un buzo y una gorra que deja ver un saldo ingrato: queda poco pelo.

El tour manager indica dónde esperarlo. La puerta que se abre dice “guardarropa”. Allí los suspensores con tachas del dios del trueno (Gene Simmons, bah) se están secando sobre un ventilador. Gene los transpiró la noche anterior en su show en Binghamton.

Kiss

Cerquita, los ojos rojos de sus botas de dragón se muestran despintados y la armadura que estrenó en Destroyer (1975) está reparada con pegamento y le faltan algunas tachas.

Peor suerte llevan las plataformas de Paul Stanley, remendadas con cinta aisladora. No por nada, al lado de una heladerita, hay una máquina de coser. Habráse visto, las kisstureras

Un poco más allá, las muñequeras que en una hora transformarán al guitarrista Ace Frehley en el “extraterrestre” cuelgan de dos perchas, sostenidas de sendos broches.

Al lado, el traje de Peter Criss (el diseño más complicado por su variedad de negros, blancos, rojos, verdes y plateados) está lleno de manchas de maquillaje. El gato rouge nomás.

En un banco de madera, de esos de gimnasio, Paul Stanley habla clara, pausadamente. Reconoce, como el Bruno Díaz-Caballero Oscuro, que el cuerpo le pide paz y le dice: ¡Basta de romper guitarras, de plataformas, de volar sobre la gente, de maquillarse!

Veinticinco minutos más tarde, mirará “distraídamente” su reloj y fijará que media hora de entrevista es suficiente. Es el turno del fan número uno de Kiss: Gene Simmons.

Lleva una gorra que deja ver que algo de pelo hay, aunque no el suficiente para atarse el diabólico rodete: ¡Peluca para otro! Su lengua nunca jamás admitirá que Kiss grita basta pero su cara, sí, transmite agotamiento.

Cuando se apagan las luces, el mundo fantástico de Kiss emerge una vez más. Se levanta el telón negro con el logo de la banda en plateado y la batería de Peter Criss baja de su plataforma. En la otra, Paul, Ace y Gene ya tocan Detroit Rock City.

En primera fila un plomo controla con un joystick gigante el vuelo de Gene mientras otro alimenta las máquinas de papel picado colorinche, ése que la gente junta y guarda de recuerdo.

Si viste a Kiss ya sabés que Gene Simmons escupe fuego en Firehouse, que Ace echa humo por la Gibson Les Paul, que Paul Stanley rompe la falsa guitarra y que Gene vomita sangre. A esta altura, si nunca viste a Kiss, también sabés que si cae papel picado y tocan Rock and roll all nite, es porque todo concluye al fin.

Y aunque Gene Simmons prometa a corto plazo un casino Kiss en Las Vegas, dibujos animados y pelis, el nuevo Batman tendrá más trabajo del que esperaba. Más ahora, con cuatro super héroes menos.

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~ por Mike en febrero 5, 2009.

Una respuesta to “Un mundo sin héroes”

  1. Ciertamente me molestó que Kiss se haya despedido, para regresar a girar poco tiempo después. Me pareció una burda movida comercial para vender un puñado de entradas más. Pero ya no estoy enojado. El 5 de abril estaré en River para aclamarlos como siempre. Que sea rock.

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