Kiss, sin Salón de la Fama

•Diciembre 15, 2009 • 6 comentarios

En el día de la fecha se conocieron los nombres de los artistas que serán inducidos en el Salón de la Fama del Rock and Roll y, contra todos los pronósticos, Kiss se quedó afuera.

Los elegidos para la premiación que tendrá lugar el 15 de marzo de 2010 en Nueva York, son: The Stooges, Genesis, ABBA, The Hollies y Jimmy Cliff.

De acuerdo con un reporte publicado en el sitio de la revista Rolling Stone, Iggy Pop declaró que «habíamos sido rechazados siete veces y creo que hubiéramos establecido un récord si nos hubiera pasado otra vez. Luego de enterarme de la noticia, tuve como dos horas de fuertes reacciones emocionales. Lo sentí como una reivindicación. Pero después me quedé pensando: ¿Sigo siendo cool? ¿O ya está todo terminado?».

Por su parte, Benny Andersson, uno de los miembros fundadores de ABBA, demostró una enorme cuota de sentido común al comentar que «pensé que nunca iba a suceder porque somos una banda de pop, no de rock. Siendo unos extranjeros provenientes del Polo Norte, es una muy buena sensación».

Las inducciones de los Stooges y de Genesis son ampliamente merecidas pero la elección de ABBA resulta incomprensible y pone en duda el valor de este tipo de reconocimiento.

Este era el momento ideal para que Kiss consiguiera la tan merecida inducción, a pesar de todas las movidas erróneas que se vienen llevando a cabo desde la dirección de la banda.

Kiss es sinónimo de rock y su inmenso legado no puede ser pasado por alto.

Por supuesto, no es tan importante ser miembro del Salón de la Fama pero estoy seguro que a los fans de la banda nos hubiera gustado que este año se hiciera justicia de una vez por todas.

Los Red Hot Chili Peppers también estaban nominados por primera vez pero a pesar de contar con todas las credenciales correspondientes, tendrán que ver la ceremonia por televisión.

En honor a la verdad, sólo quiero recordar que Kiss no es la única banda grande que viene siendo ignorada a través de los años por los directivos del Salón de la Fama.

Altos exponentes del rock internacional como Alice Cooper, Bad Company, Boston, Deep Purple, Humble Pie, Journey, New York Dolls o Rush tampoco fueron encumbrados con este reconocimiento, por lo que resulta palmario que no se trata de un encono de tipo personal contra Gene Simmons y Paul Stanley.

Más bien, estamos hablando de cierto esnobismo por parte de los responsables de elegir a los artistas, que no tienen ningún problema en colocar a Fergie en el mismo escenario que Mick Jagger pero dejan de lado a muchos de los músicos más relevantes de la historia del rock.

Se sabe, este tipo de decisiones sólo responden a cuestiones que tienen que ver con el dinero y los negocios pero me imagino que Gene debe estar al tanto de esta situación.

Hasta este momento, la noticia brilla por su ausencia en la portada de Kiss on Line.

Skid Row en vivo

•Diciembre 1, 2009 • 14 comentarios

En el marco de una gira de ocho días por territorio sudamericano, Skid Row se presentó el pasado viernes 27 de noviembre en El Teatro del barrio porteño de Colegiales.

La tercera visita de Skid Row a nuestro país convocó a un gran número de espectadores y terminó siendo una verdadera celebración apoyada en los grandes clásicos de los primeros dos discos de la banda.

El principal interrogante que planteaba el show consistía en comprobar si el cantante Johnny Solinger estaba en condiciones de cumplir con la ardua tarea de reemplazar a Sebastian Bach.

El demoledor comienzo con Big guns demostró claramente que el hombre nacido en Texas está capacitado para ser la cara más visible del grupo.

El mayor mérito de Solinger radica en que no intenta imitar a Bach sino que trata de imprimir un sello propio a las canciones, aun cuando no es un vocalista de excepción.

Sin embargo, el timón del barco es conducido por los tres integrantes originales que aun permanecen en la banda: el bajista Rachel Bolan y los guitarristas Scotti Hill y Dave «Snake» Sabo.

Estos galanes maduros del rock son los verdaderos responsables del sonido contundente que Skid Row presenta en la actualidad.

Durante el concierto, Bolan aportó la actitud heredada del punk rock gracias a una punzante interpretación de Psycho Therapy de los Ramones, clásico incluido en B-Side Ourselves junto a perlas de Kiss, Judas Priest y Rush.

Los guitarristas se repartieron los solos y demostraron su talento durante el largo interludio de Monkey Business, en el que expusieron sus atributos distintivos en el manejo del instrumento.

Mientras Sabo se lucía como un prodigio de las seis cuerdas que no deja de lado las sutilezas, su compadre se movía por el escenario como poseído por el espíritu de Dimebag Darrel.

En todo momento, el público respondió de manera fervorosa a la propuesta de la banda pero el termómetro estalló con clásicos como Riot act, Piece of me o Get the fuck out, en el que un demasiado correcto Solinger pidió disculpas por el uso abusivo del lenguaje.

La intensidad fue reducida sabiamente con dos éxitos del disco debut de la banda. En primer lugar, la canción que los introdujo en el negocio de la música: 18 and Life y en segundo lugar, I Remember You, con Sabo en la guitarra acústica.

También hubo espacio para varios temas de la etapa con Johnny Solinger, entre los que se destacaron las versiones de New Generation y Thick is the skin.

La primera parte del recital concluyó con uno de las canciones más pesadas dentro de la carrera de la banda, Slave to the grind. Impresionante.

Durante la primera visita a la Argentina, ocurrida en 1992, la banda había interpretado una versión asesina de Cold Gin. Cuatro años después habían hecho lo propio con Parasite, nada menos que junto a algunos integrantes de Biohazard que también se encontraban en Buenos Aires por aquel momento.

Para completar la trilogía de homenajes a Kiss en nuestro país, el único bis que realizaron en el show de El Teatro comenzó con las notas inconfundibles de I love it loud.

La batería de Dave Gara sonaba aplastante mientras los puños se elevaban hacia el cielo pero rápidamente el clásico escrito por Gene Simmons y Vinnie Vincent se fusionó con el tema más representativo de la carrera de Skid Row, Youth gone wild.

Mientras el público coreaba las partes de la guitarra, el grupo dejaba la última gota de sudor antes de retirarse del escenario entre risas y falsas trompadas en cámara lenta, seguramente producto de un chiste interno de sus integrantes.

A pesar de la ausencia de Sebastian Bach, la banda se las arregla para brindar un espectáculo que los ubica como verdaderos clásicos del rock estadounidense, algo totalmente impensado cuando la empalagosa imagen del rubio nacido en las islas Bahamas saturaba la pantalla de MTV a comienzos de la década del noventa.

Como complemento de esta crónica, me gustaría dejarles este reportaje realizado por Pablo Raimondi que fue publicado el mismo viernes del show en el Suplemento Sí de Clarín.

* Luchadores del hard rock *

«Equipo que gana no se cambia», es una de las máximas del fútbol. ¿Esto se puede aplicar al rock? Por supuesto. Desde hace casi una década, Skid Row, uno de los sobrevivientes de la escena hard rock mundial, clonó a su ex vocalista Sebastian Bach y «creó» a Johnny Solinger: un rubio histriónico que se calzó las botas de una de las voces más carismáticas del metal.

«Las cosas con Johnny funcionan genial. No sólo es un gran vocalista y un gran intérprete, sino que además es un buen tipo. Ayuda a la longevidad de la banda y hace que la vida en las giras y en las grabaciones sea mucho más fácil. Es fantástico, un gran talento», tira flores Scotti Hill, uno de los guitarristas fundadores del grupo.

El misterio sobre esta versión tuneada de Skid Row (en 2004 entró el batero Dave Gara) se develará esta noche en el Teatro de Colegiales. «Si la gente no quiere ver a Skid Row sin Sebastian, es su decisión, pero se pierden un show genial. Para nosotros, Johnny es el mejor, eso sí, no tengo nada contra Bach», se ataja Hill.

Trece años atrás… ¿el violero habría opinado lo mismo sobre el blondo? En 1996, Rob Afuso, batero original de Skid Row, vería la puerta de salida junto al atormentado frontman que encumbró a la fama al grupo de Nueva Jersey.

Sin dudas, las cosas no terminaron bien entre el ex Super Group y el trío Sabo, Hill y Bolan. ¿Una muestra? En la biografía, que se puede leer en el website oficial de la banda, ni se lo menciona.

La figura de Sebastian Bach alimentó mitos desde sexuales (en una visita a una FM rockera) hasta judiciales, cuando demandó al «padrino» de Skid Row y amigo de Dave «Snake» Sabo: Bon Jovi.

«En los comienzos Jon fue de gran ayuda para nosotros. Se le pagó por eso. Sin su colaboración quizá nunca habríamos logrado tener éxito. Me cae bien, diría que es un amigo. No hay mala leche entre Skid Row y Bon Jovi», aclara el guitarrista, fan de las motos y las mountain bikes.

El debut (Skid Row) y el segundo disco, Slave to the grind, superan en fuerza, voz y melodía a Thickskin, una obra de transición luego de un largo silencio musical de la banda que comenzaría tras editar Subhuman Race en 1995.

Para el último disco (Revolutions per Minute) volvería el productor Michael Wagener, responsable del sonido crudo, metálico y salvaje de la época dorada.

¿Es más difícil crear un disco cuando el género que tocás no es tan popular como en los 80?
-En realidad, no. El proceso sigue siendo casi el mismo, sólo que ahora todos somos un poco más grandes y nuestro gusto musical cambió. Tenemos una mentalidad más abierta sobre lo nuevo.

Luego del parate musical del grupo, ¿se replantearon volver con Sebastian Bach de nuevo al frente?
-Deshicimos el grupo durante algunos años y, cuando volvimos a reunirnos, no lo invitamos a formar parte. Decidimos reorganizarnos sin él. Y es una decisión de la que no me arrepiento porque Johnny es el indicado.

¿Estás en contacto con Bach?
-Para nada.

¿Seguís enojado con él?
-Estoy muy descontento. No nos llevábamos bien y no se entendía ni con Rachel (Bolan, bajo), ni con Snake, ni conmigo. El rock tiene que ser divertido, pero no lo era trabajando en esas condiciones.

O sea que no hay chances que vuelva a la banda…
-Mmmmm, muy pocas. No creo que ocurra.

Kiss en Facebook

•Noviembre 26, 2009 • 4 comentarios

Durante la madrugada de hoy, los habitantes de esta parte del mundo pudimos observar en vivo el show que Kiss ofreció en el Staples Center de la ciudad de Los Angeles.

La transmisión principal del evento se produjo a través de la página de la banda en Facebook pero también fue posible seguir las alternativas del recital por Kiss on Line.

El número promedio de fans conectados durante el recital fue de 200 mil.

La banda ofreció una actuación sólida pero absolutamente previsible, en lo que parece ser la marca registrada de la formación actual.

Actualmente, Kiss es una máquina de interpretar clásicos pero la falta de frescura del show es alarmante, tanto que por momentos parece que están tocando con el piloto automático prendido.

La banda apuesta sobre seguro y no quiere correr ningún tipo de riesgo.

Me remito a las palabras de Paul Stanley durante el concierto de ayer. «Tenemos un montón de canciones viejas para ustedes. Porque eso es lo que quieren escuchar, no?».

Los fans queremos escuchar temas nuevos pero Gene Simmons y Paul Stanley intentan convencernos de lo contrario, incluyendo apenas dos canciones de Sonic Boom en el repertorio.

El primer tramo del recital contó con las interpretaciones de Deuce, Strutter, Let me go rock and roll y Hotter than hell, que culminó con el acto del lanzallamas de Simmons.

La versión de Shock me terminó siendo uno de los puntos altos de la noche pero no me gusta que Tommy Thayer se haga cargo de esa canción en particular.

Por un vasto conjunto de razones, Shock me es sinónimo de Ace Frehley.

Esta elección por parte de la banda demuestra una clara tendencia a poner el acento en la nostalgia, especialmente teniendo en cuenta que el guitarrista bien podría cantar When Lightning Strikes.

Tommy Thayer es un gran intérprete pero queda demasiado expuesto cuando llega el momento de imitar las creaciones de Ace Frehley.

Desde el preciso instante en que Eric Singer y Tommy Thayer se calzaron las botas de los integrantes originales, las comparaciones son absolutamente inevitables.

La formación actual de Kiss es apenas un sucedáneo de la original.

No tengo problemas con los cambios de integrantes pero me molesta el hecho que la banda se haya convertido en una franquicia que sólo intenta remedar la mística de los años setenta.

El hecho que Peter Criss y Ace Frehley hayan sido reemplazados por otros músicos es una realidad pero me gustaría saber cuál será la opinión de los fans cuando los reemplazados sean Gene Simmons o Paul Stanley.

Está claro que para mí ese será el día de la muerte de Kiss como tal.

Por otro lado, Sonic Boom es una buena muestra de lo que esta formación tiene para brindar si dejara de mirar hacia atrás y se enfocara en el presente.

El show prosiguió sin sobresaltos con las interpretaciones de Calling Dr. Love, Modern Day Delilah, Cold Gin, Parasite y Say Yeah. 

Lamento enormemente comprobar que Paul Stanley, el más grande cantante de rock de todos los tiempos, se está convirtiendo en una caricatura de si mismo.

El estado de su voz presenta muchas grietas, situación que se hizo evidente durante la interpretación de los temas de Sonic Boom.

Las últimas cuatro canciones de la primera parte del concierto fueron 100,000 years, I Love It Loud, Black Diamond y Rock and roll all nite.

Para los bises, llegaron los clásicos más esperados por la mayoría de los espectadores: Shout it out loud, Lick it up, Love Gun y Detroit Rock City.

Me llamó poderosamente la atención que Paul no haya dicho en ningún momento que el show estaba siendo transmitido hacia todo el planeta a través de Internet.

La emisión a través de Facebook resultó un éxito ya que no se produjo ningún tipo de inconveniente en la generación del contenido, a pesar del alto número de visitantes de la página.

Los conductores del segmento previo al concierto realizaron entrevistas con algunas de las «celebridades» que pululaban por el backstage como Shannon Tweed y Nick Simmons.

El clima de euforia que impregnó la transmisión previa logró su punto máximo al momento del reportaje con Doc McGhee, mientras las publicidades de Bud Light y Guitar Hero eran repetidas hasta el hartazgo.

Otra de las promociones anunciaba los futuros shows de la banda en territorio de los Estados Unidos, con imágenes del show de River de este año.

Pero algo andaba mal con ese aviso: en el compilado también aparecían algunos clips pertenecientes al Kiss Symphony que contaban con la presencia de Peter Criss no en una, sino en tres ocasiones!

Uno de los mejores momentos de la transmisión se produjo cuando Gene Simmons y Eric Singer volvían desde las entrañas del Staples Center luego de realizar una entrevista para la cadena ESPN.

El conductor del segmento previo al show intentó conseguir la palabra de Simmons pero fue completamente ignorado por el bajista. Por un par de segundos, todo el mundo pudo escuchar el canto de los grillos por Internet.

Sin embargo, Eric Singer volvió rápidamente sobre sus pasos para contestar algunas preguntas al desorientado presentador, salvando el bache. Singer, el empleado del mes.

El arte de la guerra

•Noviembre 24, 2009 • 12 comentarios

El próximo 10 de enero se edita en los Estados Unidos un audiobook de El arte de la guerra, el compendio de estrategia militar inspirado en las enseñanzas de Sun Tzu.

La noticia podría pasar completamente desapercibida, salvo por un pequeño detalle: el lanzamiento cuenta con un prólogo escrito y leído por Gene Simmons.

Si bien se trata de uno de los más bizarros emprendimientos surgidos de la inagotable agenda de trabajo del bajista de Kiss, resulta imposible discutir la lógica que sustenta semejante elección.

El arte de la guerra es recomendado frecuentemente como material de ayuda para resolver los diversos avatares que agitan las aguas de las grandes corporaciones económicas, como Kiss.

En calidad de adelanto, me gustaría compartir algunos fragmentos seleccionados del pequeño libro, que de alguna manera describen el pensamiento de Simmons.

Cualquier similitud con la realidad, no es pura coincidencia.

[ La guerra es un asunto de importancia vital para el Estado; un asunto de vida o muerte, el camino hacia la supervivencia o la destrucción. Por lo tanto, es imperativo estudiarla profundamente.

Ahora, si las estimaciones realizadas antes de la batalla indican victoria, es porque los cálculos cuidadosamente realizados muestran que tus condiciones son más favorables que las condiciones del enemigo; si indican derrota, es porque muestran que las condiciones favorables para la batalla son menores. Con una evaluación cuidadosa, uno puede vencer; sin ella, no puede. Muchas menos oportunidades de victoria tendrá aquel que no realiza cálculos en absoluto.

Mediante todo esto, uno puede adivinar el resultado final de la batalla.

Cuando tus armas están melladas y el ardor decae, tu fuerza exhausta y el tesoro gastado, los jefes de los estados vecinos tomarán ventaja de la crisis para actuar. En ese caso, ningún hombre, por sabio que sea, será capaz de evitar las desastrosas consecuencias que de ello resulten. Por todo ello, mientras que hemos oido mucho acerca de despilfarros estúpidos en tiempo de guerra, no hemos visto aún una operación inteligente que fuese prolongada. Nunca ha existido una guerra larga que haya beneficiado al país.

De todo esto se deduce que aquellos incapaces de comprender los peligros inherentes al empleo de tropas, son igualmente incapaces de comprender cómo emplearlas ventajosamente.

Por ello, un general inteligente hace que sus tropas se aprovisionen del enemigo, pues una medida de provisiones enemigas es equivalente a veinte de las propias, y una medida de la comida del enemigo equivale a veinte de las propias.

De cara a incrementar el coraje de los soldados al atacar al enemigo, ha de encolerizarles. De cara a capturar más botín del enemigo, ha de recompensarlos.

Por todo esto, y dado que lo único valioso en la guerra es la victoria, no prolonguéis las operaciones. Y el general que comprende cómo emplear las tropas, es el árbitro del destino de la nación.

Así pues, los verdaderamente hábiles en la guerra someten al ejército enemigo sin batallar. Capturan las ciudades enemigas sin asaltarlas, y se apoderan del estado enemigo sin campañas prolongadas. Su meta es tomar intacto todo cuanto hay bajo el cielo, mediante consideraciones estratégicas. Como resultado, sus tropas no se desgastarán, y las ganancias serán completas. Este es el arte de la estrategia ofensiva.

Por tanto os digo: Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo; en cien batallas, nunca saldrás derrotado. Si eres ignorante de tu enemigo pero te conoces a ti mismo, tus oportunidades de ganar o perder son las mismas. Si eres ignorante de tu enemigo y de ti mismo, puedes estar seguro de ser derrotado en cada batalla.

En los tiempos antiguos, aquellos que eran llamados «hábiles en la guerra» conquistaban a enemigos fácilmente conquistables. Y las victorias conseguidas por uno de esos «maestros de la guerra» no significaban ni reputación de sabiduría ni coraje meritorio, pues salían victoriosos sin riesgos. Sin riesgos, ciertamente se consigue la victoria: se puede conquistar a un enemigo ya derrotado, sin necesidad de planear el combate.

Por lo tanto, el comandante hábil toma una posición en la que no puede ser derrotado, y no pierde la oportunidad de vencer a su enemigo. Un ejército victorioso siempre busca batalla después de que sus planes le indiquen que la victoria es posible, mientras que un ejército destinado a la derrota lucha con la esperanza de vencer, pero sin ningún plan. Los que son expertos en la guerra cultivan sus políticas y se adhieren estrictamente a las reglas trazadas. De este modo, tienen en su poder el control de los acontecimientos.

Generalmente, mandar un gran ejército es lo mismo que mandar a unos pocos hombres. Es una cuestión de organización. Y dirigir un gran ejército es lo mismo que dirigir a unos pocos hombres. Es una cuestión de formación y señales.

En medio del tumulto, la batalla parece caótica, pero no debe existir desorden en las propias tropas. El campo de batalla puede parecer confusión y caos, pero el bando propio debe permanecer ordenado. Así será a prueba de derrotas. La confusión aparente es el resultado de una buena ordenación; la cobardía aparente, del coraje; la debilidad aparente, de la fuerza. Orden y desorden dependen de la organización y la dirección; coraje y cobardía, de las circunstancias; fuerza y debilidad, de las disposiciones tácticas.

Un comandante experto obtiene la victoria de la situación, y no la exige de sus subordinados. Selecciona los hombres adecuados y explota la situación. El que es capaz de usar la situación, usa a sus hombres en la lucha como rodillos o como bloques de piedra: la naturaleza de un rodillo es tal que en suelo llano permanece estático; en pendiente, se mueve. Un bloque cuadrado de piedra detiene cualquier cosa; si es redondo, arrolla.

Así pues, la energía de las tropas hábilmente dirigidas en la batalla puede compararse al impulso de una rueda de molino que se deja rodar desde lo alto de una pendiente de mil metros de altura.

Si soy capaz de determinar las disposiciones del enemigo mientras que, al mismo tiempo, oculto las mías, entonces puedo concentrar mis fuerzas, y las suyas han de dividirse. Y si yo me concentro mientras él se divide, puedo usar toda mi fuerza para atacar una fracción de la suya. Por tanto, seré superior numéricamente. Si soy capaz de usar a muchos para golpear a unos pocos en un punto seleccionado, aquellos caerán sin remisión.

La guerra se basa en el engaño. Muevete cuando sea ventajoso y crea cambios en la situación dispersando y concentrando tus fuerzas. Cuando entras en campaña, sé rápido como el viento; haciendo marchas normales, majestuoso como el bosque; en las incursiones y saqueos, feroz como el fuego; cuando te detienes, firme como las montañas. Si te escondes, sé tan insondable como las cosas más allá de las nubes; en movimiento, cae como el rayo. Para saquear una región, dispersa tus fuerzas. Cuando conquistas un territorio, defiende los puntos estratégicos.

Sopesa la situación antes de efectuar movimiento alguno. Aquel que domina el artificio de la diversión saldrá victorioso. Así es el arte de maniobrar. ]

El toque español

•Noviembre 18, 2009 • 1 comentario

El pasado viernes 6 de noviembre la revista Vida y Artes que sale a la calle junto al diario español El País publicó en su portada un interesante reportaje sobre Kiss.

La nota del periodista Lino Portela presenta una mirada aguda que, más allá de algunos errores conceptuales, entretiene y cumple con su deliberada función de provocar.

El artículo es una bocanada de aire fresco porque aborda el presente de la banda con imparcialidad y sentido del humor, dentro de un contexto internacional marcado por un insoportable fervor oficialista.

La pluma prodigiosa de Portela deslumbra a través de frases desbordantes de sarcasmo que muy probablemente hincharán las venas de los fans más dogmáticos.

Mi favorita es la que hace referencia a Eric Singer y Tommy Thayer. Maravillosa.

La utilización del idioma por parte del colega español es tan destacada que me pone a pensar por qué en nuestro país no podemos encontrar lecturas periodísticas de semejante factura.

Pero ese es un tema que quedará para otra oportunidad. Por ahora, les recomiendo que lean y disfruten de esta perla del nuevo periodismo español.

Advertencia: la nota puede herir la sensibilidad de aquellos fans de Kiss que carezcan de espíritu crítico. Si no soportás leer ningún tipo de reproche hacia la banda, cerrá esta ventana… ahora!

* El chiste más largo del rock *

Hace 35 años, Kiss cambió la cara del rock. Entre diabólico y cómico, su cantante, Gene Simmons, asegura haberse acostado con 4.000 mujeres. Descubrimos qué hay de cierto en la leyenda con motivo de la presentación de su primer disco con canciones nuevas en una década.

«Si habéis venido aquí a buscar soluciones para frenar el cambio climático», dice el guitarrista de Kiss, Paul Stanley, de 57 años, sobre el escenario de Nueva Orleans, «os habéis equivocado de concierto». También os habéis equivocado de reportaje.

Si aún sigues ahí es porque quizá te interese la banda «más caliente del mundo». El grupo más excitante de rock and roll de los últimos 35 años. Pero también el más absurdo, grotesco y, en ocasiones, ridículo de todos los tiempos.

Ahí va una pequeña muestra. Son las cuatro de la tarde y algunas chicas, con decenas de collares al cuello, enseñan sus siliconados pechos por las calles de Nueva Orleans. No estamos en el carnaval de Mardi Gras, donde el exhibicionismo es una tradición, sino en Halloween. Pero da igual: ésta sí que es la ciudad del pecado y no Las Vegas. A dos manzanas del curioso espectáculo, Gene Simmons jura y perjura que está muy interesado en la política. Nacido hace 59 años en Israel, el cantante, bajista y líder de Kiss tiene la solución definitiva para arreglar el conflicto de Oriente Próximo: una invasión extraterrestre. Como suena. «A los extraterrestres no les interesan nuestros problemas», dice. «Cuando nos invadan se nos olvidará toda esa mierda religiosa y no habrá diferencias entre nosotros. Seremos simplemente hermanos terrícolas y dejaremos de lado nuestros conflictos para luchar contra ellos». Señor Simmons, ¿cree usted en los extraterrestres? «Todavía no», responde el bajista muy serio. «Pero matemáticamente es muy probable que existan». Toma castaña. Ahí queda eso.

Lo que pocos dudan es que Gene Simmons es un espécimen curioso. Mide casi dos metros y su mirada tiene una mezcla de tío bonachón y asesino. A los ocho años llegó a EE UU junto a su familia judía perseguida por los nazis. Hoy es un peculiar icono de América. No sólo gracias a su grupo Kiss. Hay más: actualmente tiene su propio reality show en televisión, Family jewels, donde, al estilo The Osbournes, exhibe su día a día y el de su familia. Incluso su encuentro con EP3 fue grabado para el programa.

Además, Gene ha sido actor secundario (apareció en un capítulo de Corrupción en Miami), descubrió a Van Halen, fue manager de Liza Minnelli y novio de Cher y Diana Ross, ha grabado con Dylan y Frank Zappa y asegura haberse acostado con más de 4.000 mujeres. «A veces, hasta con siete a la vez», explica orgulloso sin importarle que su esposa, la actriz erótica Shannon Tweed, y madre de sus dos hijos ande merodeando a pocos metros de él. El lema de Gene Simmons siempre ha sido: «Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Y detrás de esa mujer estoy yo». Pero luego hablaremos de este espinoso asunto y de su fama de machista.

Hoy está en Nueva Orleans para tocar en directo con su banda Kiss, que acaba de publicar su vigésimo tercer disco, Sonic boom, y primero con temas nuevos desde hace 11 años. Once canciones pegadizas y deliciosamente pegajosas que recuperan el sonido rockero de sus comienzos. También la temática de brocha gorda: salir, ir con mujeres, montar fiestas y tocar rock. En Sonic boom se incluye un disco con sus grandes éxitos regrabados que transportan a los mejores años de la banda: los setenta, cuando Simmons creó Kiss junto a su amigo de la infancia y guitarrista Paul Stanley. Desde el principio fue una banda distinta. Maquillados como monstruos diabólicos, su música se salía del rock progresivo imperante en la época, y sus conciertos eran una mezcla de teatro, circo y pasaje del terror.

Aparte de la música, durante estas tres décadas y media Kiss ha funcionado como una franquicia de sí mismo. Gene es un genio del marketing. De hecho, practicamente lo inventó él en 1977. Aquel año, Kiss y una película recién estrenada titulada Star wars fueron las dos marcas más rentables del año. Existen cómics, tazas, chapas, camisetas, juguetes, un ejército de fans (la Kiss Army), botellas de vino y, cómo no, condones lubricados marca Kiss. «Los he probado personalmente y te puedo asegurar que son buenos», explica Gene mientras las cámaras de Family jewels no dejan de grabar. Un universo que ha reportado miles de dólares. «Más o menos sé el dinero que tengo», asegura Simmons. «El dinero es lo más importante del mundo. Pero lo más divertido no es tenerlo, sino la forma de ganarlo. Yo no uso joyas y esta ropa que llevo (una camisa y pantalones vaqueros del montón) es de propaganda».

Pero si algo distingue a Kiss del resto de los mortales es su maquillaje. Desde el principio de su carrera, los cuatro miembros del grupo salían a tocar caracterizados como personajes de ficción. Gene Simmons es El Diablo. «Tiene mucho que ver con lo que tengo dentro», asegura. Paul Stanley, con una estrella dibujada en su cara, es El Chico Estrella. El guitarrista Ace Frehley fue El Hombre del Espacio y el batería Peter Criss, El Gato. Los dos últimos ya no están en el grupo. Sus problemas con las drogas y el alcohol les costó la expulsión, y sus puestos los ocupan ahora dos entrañables mercenarios.

Quizá por este aspecto entre lo diabólico y lo cómico, de la banda se han contado miles de leyendas. La mayoría, falsas. En los setenta se decía que robaban niños («ésa es, evidentemente, falsa», confirma Gene), o que la lengua de Gene era un injerto de una de vaca («también es falso»). Lo único que parece cierto es que Gene no bebe alcohol ni ha tomado nunca drogas. «Sí me he tomado alguna cerveza y he ido al dentista a que me drogue», precisa Gene, «pero nunca me he emborrachado. El tabaco, el alcohol y las drogas no están hechos para mí». Aunque sí el sexo.

Otra leyenda que se cuenta sobre Simmons es que aún conserva un álbum fotográfico de las más de 4.000 mujeres con las que asegura haberse acostado. «Ese álbum existe, aunque sólo tengo fotos de 480 mujeres», reconoce. «Sí me he acostado con 4.000 mujeres desde 1974 (un año después de montar el grupo). Te lo juro. Es el poder del maquillaje», asegura. «Viene de muy lejos. El hombre siempre se ha maquillado. Lo hacían los chamanes para las ceremonias religiosas. Luego se pintaban para la guerra. Años después, las mujeres se dieron cuenta del poder del maquillaje. Pregúntales a ellas. Por el día, cuando no llevan maquillaje, nadie les hace caso. Cuando se lo ponen por la noche son irresistibles». Ya, eso está muy bien, pero… ¿4.000 mujeres en 35 años? ¿Una mujer cada tres días de media, incluido festivos? «Algunas noches he estado con dos mujeres y otras, con siete a la vez. Una vez fue jugando a Ponle la cola al burro». ¿Perdón? «Es un juego infantil en el que, con los ojos tapados, hay que pinchar con una aguja en el dibujo de un burro para ponerle la cola. Aquella noche yo tenía los ojos vendados, como en el juego, pero enfrente no tenía un dibujo, sino siete mujeres. Tampoco jugaba con una aguja».

Son las diez de la noche en el parque central de Nueva Orleans donde se celebra el festival Voodoo Experience. Jane’s Addiction termina su actuación. Gene, Paul y sus compinches llevan dos horas maquillándose en los camerinos. «¿Queréis lo mejor? Tendréis lo mejor», anuncia una voz. El directo en 2009 de Kiss es tal y como lo imaginas: explosiones, disparos de fuego desde el mástil de las guitarras, espadas en llamas, tirolinas que hacen que Gene y Paul vuelen sobre las cabezas del público. Y una sucesión de clásicos apabullantes: Hotter than hell, Doctor Love, Rock and roll all night (con miles de confetis), Love gun, Detroit rock city. Y para acabar, unos fuegos artificiales que ya querrían muchas ciudades para sus fiestas patronales.

«En este punto ya sólo competimos contra nosotros mismos», nos decía días antes del concierto Paul Stanley. Una pirotecnia que no ensombrece las dotes musicales de estos cuatro showmen que son mucho más que una banda de broma. Cosa que piensa mucha gente. «No sé cómo decirlo para que no suene arrogante…», piensa Gene en voz alta. «Soy demasiado rico para que me importe lo que digan los críticos». Una prueba más de que Kiss son como un chiste de esos largos que cuenta Chiquito de la Calzada. Si le pillas la gracia a la primera, llorarás de la risa. Si no, todo resultará ridículo y patético. Las dos opciones son válidas y acertadas.

Sonic boom está publicado en Roadrunner.